miércoles, 17 de julio de 2013

ARMAGGEDÓN O HABITACIÓN 1-0-1



ARMAGGEDÓN O HABITACIÓN 1-0-1

 Considerar que el adversario, satanás, es un cerdito lleno de orgullo y amor propio que esta desesperado por lograr llamar la atención, quiere ser tomado en cuenta, por ello nos provoca, desafía, maltrata, castiga etc.

 Busca algo sumamente doloroso e incómodo para golpearnos, es un golpe personal, pues esto es diferente para todos, como lo que G. Orwell llama en su novela distópica, “1984”, “La habitación 1-0-1”.

 No tenemos todos el mismo interés, gusto, no somos todos iguales, por ello, cada persona tiene un punto de muerte, de no retorno, de no ceder, un punto donde se elige a sí misma estallando en furia y defendiéndose como animal, como bestia herida.

 Todos tenemos algo que no estamos dispuestos a ceder, renunciar, dejar, abandonar, perder, etc., y eso lo estudia, intuye, deduce, supone el adversario, porque ve nuestro apego y dedicación, mira el entorno, lo que hacemos y dejamos de hacer, también porque golpea haciendo escaramuzas y recabando información, observando las reacciones.

 Una vez que esta seguro de lo que se trata, idea o maquina una trampa, busca la manera de golpear ahí, de sacarnos, castigarnos, hacernos sufrir, privarnos, etc., de eso que es nuestro orgullo y adoración.

 Padeciendo ese golpe infernal, no reaccionamos de manera racional, sino que, al contrario, se desata la furia y estallamos como fieras descontroladas queriendo, o bien recuperar lo perdido, o bien cobrar venganza.

 Ahí el alma queda hundida en sí misma, llena de miedo, preocupación por sí y se ahoga en su propio llanto porque no deja de lamentarse, angustiarse. Cuando el ahogo llega al colmo, el alma odia, grita, estalla, pero para volver a hundirse, abatirse y desmoronarse.

 Pasando por esto, la persona ya no es la misma, esta como desnuda, tiene vergüenza, piensa en sí misma, se siente y cree y desgraciada, odia y se odia, anda entre sepulcros como endemoniada, furiosa, desganada, se desangra y no solo sangre, sino pus sale de su herida.

 Acá es donde somos vencidos, esto es armaggedón, pues acá somos derrotados, es lo que siempre quisimos evitar y que no pudimos ni podremos.

 Es necesario pasar por esto, porque acá se acaba el orgullo, conocemos la ruina, nos desencantamos de todo y acabamos hundidos-sumergidos en la muerte eterna.

 ¿Dios quiere esto?, no, por supuesto que no, pero sí lo permite porque de este mal y de esta trampa infernal, Él Sabe y Quiere sacar mucho y Verdadero Bien.

 El golpe es del adversario, es un azote, una trampa, porque haciéndonos padecer eso que no queremos padecer, nos esta tentado para que odiemos y culpemos a Dios, a nosotros mismos y a otros.

 La tentación es para que odiemos a Dios, porque previamente vino preparando el terreno, nos hizo temer que tal cosa sucediera y así provocó que pidiésemos a Dios y quisiésemos imponerle que no llegue a suceder esto que es humillante, tormentoso, vergonzante, doloroso, donde nos enfrentamos al propio peor miedo como lo describe el autor precitado.

 El problema que debemos ver es que estamos queriendo vencer a Dios, unos pidiendo, exigiendo, creyendo que porque oran, gritan, etc., Dios debe someterse y hacerles caso. Otros quieren vencer a Dios esforzándose por ser perfectos y por hacerle ver a Él que son perfectos por lo que hacen o dejan de hacer.

 La verdad es que debemos desengañarnos de tales cosas, Dios Es Perfecto y la Perfección es amar a Dios y si creemos que lo hacemos perfectamente, hoy podemos ver que no.

 Dios no tiene que hacernos caso por ningún motivo, somos nosotros los que debemos crecer, madurar, evolucionar espiritualmente, dejar de tenernos pena, lástima y autocompasión, tenemos que empezar a amar a Dios en verdad, cosa que hacemos solo si lo dejamos libre a Él de hacer o no hacer según sea Su Voluntad.

 Donde queremos vencer a Dios por orgullo y miedo, es donde debemos ser vencidos, derrotados, porque ahí es donde no amamos a Dios y donde debemos aprender a amarlo en verdad renunciando a nosotros y aceptando Su Voluntad, aceptando la Verdad, que es que Él Es Dios y como tal, Él dispone, decide, y Él Sabe lo que nos es verdaderamente conveniente, no nosotros.

 De la trampa del adversario Dios saca lo bueno porque nos da posibilidad de que venzamos a todos los enemigos espirituales, porque podemos renunciar a nosotros, dejar de seguir querer venciendo o engañándonos de que tenemos a Dios sujeto y obligado, para poder pasar a tener una Fe Verdadera.

 Considerar que, si no pasamos por esta muerte a nosotros mismos, no podemos acceder a la Resurrección. Tampoco podemos ser liberados del acoso y de la persecución de los enemigos, debido a que somos socios-cómplices de éstos, dado que somos rebeldes a Dios y tratamos de vencerlo por miedo u orgullo pensando en nosotros y diciendo que podemos y sabemos mas que Él, no viendo que en realidad solo somos egoístas inmaduros y desamorados.

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