sábado, 28 de septiembre de 2013

A NADIE, NI SIQUIERA A DIOS



A NADIE, NI SIQUIERA A DIOS

 No queremos amar, no nos interesa, deseamos adorarnos a nosotros mismos, pensar en nuestro ‘yo’ todo el tiempo, y es así como nos justificamos después para continuar por este camino sin Dios, sin amor, el que es en realidad un camino de hundimiento en sí mismo.

 Acá es donde las almas se dedican a cualquier cosa empeñándose en construir su imagen, algo reconocible y adorable en el mundo, confirmando de esta manera que desean dedicarse a sí mismas y olvidarse de Dios. Esto ocurre aunque las almas hablen de Dios todo el tiempo, debido a que el miedo las doblega y domina, somete y entierra dedicándolas a construir una imagen.

 Esa imagen es la apariencia, algo banal, superficial, trivial, es la personalidad o el nombre que la persona se da en el mundo. También es por lo que espera ser salvada, porque supone que así evita ser odiada, ignorada, despreciada, etc., y acá adorando eso que hace de sí y en sí como a su salvación y salvador.

 Lo que hace es adorar la ausencia y la negación de Dios en su vida, adora su egoísmo, miedo, esa dedicación a sí, a lo que es inútil y perecedero, aquello por lo que reniega de Dios y se rebela contra Él, en definitiva, adora su ruina actual y eterna.

 La persona que se dedica a sí misma, a construir su imagen y a hacerse ver, reconocer, adorar, esta dedicándose a perderse, a renegar de Dios, a construir su autodestrucción, se empeña en corromperse, estropearse y arruinarse.

 Hoy en día se hace gala, o se expone en el mundo con orgullo, el racionalismo, las almas se vanaglorían de ser racionales y se alegran de prescindir de Dios, e incluso de ir contra Él, no viendo que es eso lo que ha querido satanás, que las almas mismas se alegren de prescindir de Dios y de odiarlo.

 Quiso eso primero por venganza, segundo por obtener el control sobre las almas y tercero para acabar haciendo de las almas algo peor que él mismo, y todavía éstas, infelices e idiotas como él, están satisfechas, orgullosas y se muestran arrogantes cuando odian a Dios.

 Las almas que han renegado de Dios se sienten satisfechas, hablan de racionalidad, ciencia, etc., pero están esforzándose por convencerse de que se puede prescindir de Dios, se hacen violencia a sí mismas para imponerse la mentira y creerla, para volverse delirantes.

 Así es que las almas huyen en realidad del Dios al que temen porque no lo han mirado ni conocido, enterrándose en sí y perdiéndose en su abismo, esforzándose por convencerse de que no necesitan a Dios, que se puede vivir sin Él, y aun contra Él.

 Las almas no quisieron amar a Dios, y satanás les ha dado la razón, entonces, se hallan absortas, perdidas, encerradas en una alineación infernal, adorándose a sí, venerando la razón, haciendo un esfuerzo por negar las verdades mas simples y evidentes, inventando teorías donde Dios no existe, tapando agujeros de su razón irracional, pues si niegan a Dios, nada de lo que digan tiene sentido, Dios Es La Causa Primera.

 Como se ha negado a Dios, se ha prescindido de Él, hemos puesto la piedra de la autodestruccion, construido sobre la arena, nos hemos sentado sobre una bomba a punto de estallar, es decir, hemos construido un mundo sin Dios, lo que irremediablemente corre a la ruina.

 No es un principio satanás, satanás es el fin, es la destrucción y la ruina, por ello, si se halla presente, es el tiempo de la Justicia Divina, de la ausencia de Dios, de la gran desolación, donde el adversario se hace presente como el maldito cedo delirante de orgullo que es y se desespera por imponer que lo adoren, obedezcan, sirvan, tomen en cuenta, llevando de esta manera todo a la ruina, destruyendo la creación con sus caprichos incoherentes.

 Esta alienado, encerrado en sus delirios y perdido en sus fantasías, sus caprichos son errantes y contradictorios, no sabe ni lo que quiere, solo quiere hacerse adorar, obedecer, por ello lo que se le ocurre que puede satisfacerlo en eso, lo quiere y exige que se lo den, provocando de esta manera la ruina de la creación.

 Que logre tal cosa el adversario es consecuencia de haber renegado de Dios, de haber prescindido de Él, de haber construido en la arena de la negación de Dios, de la rebeldía, del orgullo y el amor propio. Podríamos volver a Dios, renunciar al orgullo y admitir que solos no podemos, que la razón humana es oscura cuando se halla sin Dios y semejante a satanás.

 El problema es que las almas no quisieron renunciar a sí, desearon continuar cultivando su orgullo, construyendo sepulcros, fingiendo grandeza en el mundo, entonces, ahora no hay mas que vacío y desolación, cada cual cae en el sepulcro de ausencia de Dios que se ha construido y pasa a ser víctima de esa vida en el mundo que se ha dado.

 Esto significa que cada cual termina por volverse esclavo de sí, de su orgullo, ambición, de esa rebeldía y negación de Dios, de la entera dedicación a sí mismo que ha querido tener y hacer, de manera que el adversario puede hacerse presente en ese abismo de inmundicias, corrupciones y depravaciones para imponer, demandar y exigir que lo adoren a él en el lugar que se ha dejado a Dios ausente.

 Hemos dejado a Dios ausente porque no lo hemos buscado, querido, aceptado, porque hemos renegado de Su Voluntad y nos hemos elegido a nosotros mismos, simplemente porque hemos elegido no amar y adorarnos en consecuencia, tributarnos todo el amor a nosotros mismos metiéndonos en el agujero-abismo de nosotros donde no admitimos a nadie, ni siquiera a Dios.

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