sábado, 28 de septiembre de 2013

DICE QUE ES COMO DIOS



DICE QUE ES COMO DIOS

 Como ladrón que es, el cerdo infernal, satanás, se pasea por el mundo luciendo aquello que fue el fruto de sus ilícitos, alegre en cierta forma, disfrutando su triunfo, adorándose a él mismo por haber obtenido lo que quería.

 Esto significa que se pasea por el mundo llevando aquella joya que envidió a Dios, que persiguió hasta conseguirla, comportándose como un baboso que seduce a una mujer que se convierte en prostituta entregándosele por dinero, fama, poder, etc.

 La prostituta es en principio la humanidad toda, esa humanidad rebelde, desamorada, que ha renegado de Dios, que se ha elegido a sí misma, que se ha empeñado en hacerse ver y adorar como si de una reina se tratase embriagándose con cuanto vicio conocido hay, e inventando otros también que hasta ahora no se conocían.

 Prostituta también es la religión mal practicada, aquella que se construye humana y terrenamente, por y para el mundo, para perseguir fines terrenos, ambiciones mundanas, cuidando las apariencias de hablar de Dios siempre o de fingir que es voluntad suya lo que en realidad es capricho humano-demoníaco.

 Mundo y religiones son las dos conquistas de satanás y el cerdo se pasea por el mundo haciéndose adorar luciendo tales joyas. Fueron joyas, recordar que El Señor mismo dijo que no se le dan perlas a los cerdos, lo que ha tomado, ya no son joyas, se han corrompido, depravado, estropeado y arruinado, en realidad, satanás se ha llevado el descarte de Dios, aquello que a Él no le servía.

 Las almas tanto del mundo como de las religiones, han elegido el mundo, el espíritu corrupto, el amor propio, los vicios, la preocupación por sí, las ambiciones terrenas, etc., quedando encerradas en una abominable desolación que ellas mismas han provocado.

 Las almas, la humanidad en general, han renegado de Dios, tanto en el mundo como en las religiones, entonces, Dios ha sido negado, abandonado, traicionado, olvidado, condenado y echado. Así es que se ha alzado la humanidad como adolescente prostituta, inmunda y depravada desde el abismo luciéndose como si fuese reina, pero habiéndose convertido en una prostituta.

 La humanidad se adora a sí misma y se hace adorar, se enorgullece de sus logros, triunfos, avances, etc., pero no deja de ser espiritualmente una inmunda y perversa prostituta que ha abandonado a Dios para adorase a sí y hacerse adorar, para vanagloriarse de lo que es nada mientras se entrega a satanás.

 Esta humanidad sin Dios, orgullosa, se alza del abismo unida al adversario, y es éste el que la sostiene, levanta, porque se cree un conquistador, un ganador, se siente orgulloso de su conquista-seducción, y se pasea como lo hace un multimillonario idiota con una prostituta deseando que lo admiren y envidien como si eso sirviera de algo.

 Considerar que estamos encerrados en el abismo del olvido y de la negación de Dios, empeñados en hacernos adorar, ver, reconocer, desesperados por lograr no ser aplastados, humillados, denigrados, dominados, etc., pero, es inevitable, el mundo se ha convertido en un infierno.

 Si el mundo, la humanidad toda, la civilización se halla hundiéndose, sumergiéndose en un gran agujero, en un abismo sin par nunca visto ni considerado que es como un agujero negro en el espacio, es inevitable que de repente nos encontremos confundidos y unos contra otros así como unos sobre otros, porque todo esta entrando en un cuello de botella, en un embudo para acabar definitivamente hundido en el abismo.

 Esta realidad espiritual invisible a los materiales, se traduce o manifiesta en hambres, pestes, guerras, ruinas, desgracias, problemas, etc., que se ciernen sobre la humanidad golpeándola de manera sensible en aquello que adora, en lo que esta apegada, hundida, perdida y olvidada de Dios.

 Mientras deseamos continuar ajenos a la realidad y sumergidos en las propias preocupaciones inútiles, el adversario sigue vanagloriándose de que ha conquistado la humanidad, es decir, que ha logrado que nadie ame a Dios y que cada cual se preocupe orgullosa y egoístamente solo y siempre por sí mismo mientras se esfuerza por hacerse adorar como si de un dios se tratase.

 Delira el idiota, satanás, de que es como Dios simplemente porque como ladrón ha conseguido adueñarse de la humanidad con violencia, engaños, etc.

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