sábado, 21 de septiembre de 2013

EL ‘CRIMENTAL’ DE “1984” EN LA RELIGIÓN



EL ‘CRIMENTAL’ DE “1984” EN LA RELIGIÓN

 Somos orgullosos porque no admitimos que necesitamos a Dios, porque presumimos de ser perfectos e ideales, que todo lo podemos y que todo lo hacemos bien, dado que eso es lo que queremos creer porque estamos miedosa y cobardemente buscando aceptación, reconocimiento, queriendo evitar ser despreciados.

 Hablando de Dios todo el tiempo, podemos llegar a prescindir de Él como cualquiera, solo y simplemente porque nos dedicamos al orgullo y nos volvemos ególatras desamorados que no han abandonado el miedo, la preocupación por sí, que no dejan de dedicarse a sí mismos.

 Prescindimos de Dios como cualquiera que en el mundo dice no tener fe y se dedica a tratar de vivir por y par así mismo, encerrado en su abismo inútil y vanidoso, con miedo y reclamando adoración y aceptación.

 Prescindimos de Dios porque no buscamos Su Revelación ni colaboramos en Que Se Haga, porque impedimos Su Vuelta-Venida a nosotros y al mundo.

 Prescindimos de Dios porque estamos defendiendo el orgullo, el egoísmo, esa constante dedicación a nosotros mismos donde esperamos obtener ser amados, aceptados, no despreciados, no rechazados.

 Prescindimos de Dios porque continuamos dedicados a satisfacernos, porque queremos seguir dedicados a los propios caprichos, empeñados en saciarnos sin cesar, pretendiendo vivir en la práctica como si Dios no existiera, no estuviera o fuese incapaz de manifestar lo que realmente quiere.

 Al impedir Su Revelación, al querer suponer que Él esta dedicado a adorarnos, estamos prescindiendo de Dios como quienes directamente ni lo buscan ni creen en Él.

 Cuando le hacemos decir a Dios lo que no dijo, estamos inventando una imagen de Dios adorable, apreciable, reconocible, estamos buscando ser adorados nosotros en su lugar, y es así como acabamos convirtiéndonos en anticristos.

 El agnosticismo se ha impuesto en el mundo como en las religiones, tanto teórico como práctico, el orgullo ciega a las almas y éstas dicen creer en Dios mientras que en realidad están completamente dedicadas a hacerse adorar, ver, aceptar, etc., construyendo de esta manera un mundo sin Dios, una realidad irreal donde Dios esta ausente.

 Se ha llegado a convencer a las almas de la mentira y éstas la defienden, demostrando que se les ha lavado el cerebro, y es así como las religiones se han convertido en sectas enterradas en el mundo, dedicadas a éste, empeñadas por hacer sus negocios en el mundo de tinieblas, por alcanzar sus objetivos terrenos y hasta perversos.

 Las almas creen que Dios no puede Revelarse, y entonces, las almas creen una mentira, Dios no solo puede Revelarse, sino que quiere Revelarse, y hasta es necesario que lo haga, de lo contrario, ¿Cómo lo conocemos?, ¿Dónde lo encontraremos?.

 G. Orwell describe en su novela distópica “1984”, como el partido dominante-imperante, modificó el lenguaje inventando la ‘neolengua’, cosa que hizo para condicionar el pensamiento, dado que si el lenguaje es reducido, la capacidad para penar también, y decía que así hasta se llegaría a evitar el ‘crimenmental’, es decir, el crimen del pensamiento, el pensar contra la verdad oficialmente establecida.

 Lo mismo se ha realizado en las religiones, se ha impedido a Dios Que Se Revele, Que Él diga o manifieste realmente lo que quiere, y se les ha enseñado a las almas que Dios no puede Revelarse por ningún motivo, bajo ningún punto de vista, incluso que si se rebela, es satanás es el que manifiesta, cayendo en la incoherencia de decir que satanás sí puede revelarse, pero no Dios.

 Se ha modificado el lenguaje espiritual, se ha enseñado cualquier cosa y el proceso continúa hasta que se produzca un lavado de cerebros total donde las mismas almas crean lo que es oficialmente debido, bueno y verdad, o sea, la mentira instalada.

 La mentira instalada consiste en esencia, en la práctica, que Dios no puede hablar.

 Dios no puede hablar-Revelarse, porque de hacerlo, diría la Verdad, y eso no conviene a nadie en un mundo donde la mentira es oficial, donde se adora a satanás y se prefiere practicar la egolatría.

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