miércoles, 18 de septiembre de 2013

EL LUGAR PROPICIO PARA EL ADVERSARIO



EL LUGAR PROPICIO PARA EL ADVERSARIO

 Como cada uno ha renegado de la Voluntad de Dios, ha rechazado a Dios, acaban las almas dedicándose a sí, a buscar satisfacción, consuelo, alivio, a tratar de llenarse y consolarse pretendiendo suplantar o reemplazar a Dios como si se pudiera.

 Así es como las almas se entierran frenéticamente a cada instante mas y mas en sí mismas perdiéndose en tinieblas, entregándose a la perdición eterna, sometiéndose al adversario y exponiéndose a todos los enemigos espirituales.

 Como cada cual se dedica con desesperación solo a sí mismo, a buscar consuelo, alivio y satisfacción, las almas se separan, cada una anda en un camino diferente, y luego, irremediablemente, chocan entre sí porque no habiendo satisfacción posible ni consuelo alguno que reemplace a Dios, acaban por pelearse por tratar de obtener todo, por tratar de conseguir todo sin saciarse nunca ni con nada, deseando lo que otros tienen.

 Eso no solo sucede a nivel personal donde un alma demanda, exige e impone a otra que le preste atención y colabore en su egolatría, sino que también sucede a nivel general, de manera que hay almas que buscan desesperadamente ser adoradas, lo exigen e imponen sin saciarse nunca, redoblando su ego-vacío-necesidad para acabar demandando mas satisfacción, servicio y obediencia, volviéndose fanáticas de sí.

 Ahí es donde unas almas chocan contra otras y acaban por autodestruirse definitivamente. Ya se están autodestruyendo a sí mientras se dedican a alimentar su ego, pero, si al chocar unas contra otras se odian y se desesperan por dominarse, vencerse, someterse, etc., acaban por aniquilarse.

 Primero se pelean por nada, por lo que es anda y vale nada, luego, se pelean por satisfacer su ego, orgullo, por hacerse adorar, por el mero hecho de someter, vencer y humillar al otro, y es así como al humanidad corre a su autodestrucción sin remedio.

 Por supuesto que no es novedad, ya se sabe esto, así como también se sabe que una intervención milagrosa del Señor evitará la ruina definitiva de la humanidad, es decir esa autodestrucción donde puede desaparecer toda la humanidad.

 Lo que hay que considerar es que esa intervención milagrosa del Señor para evitar la autodestrucción definitiva, esta lejos de suceder, simplemente porque nadie la quiere, nadie la busca ni desea en verdad, porque si bien hay quienes dicen buscar a Dios, es para vencerlo, dominarlo y doblegarlo, lo que es peor aun que el no buscarlo, porque eso es pelear contra Dios.

 Si buscamos a Dios es para obedecerlo, para tomar el verdadero camino, porque ahí se elimina el orgullo, ahí se aniquila la presencia del adversario en nuestra vida, renunciando a la propia voluntad para obedecer a Dios, para Que Se Haga-Reine-Triunfe Su Voluntad en nuestra vida.

 Decir que buscamos a Dios cuando en realidad seguimos autocomplaciéndonos o haciendo cosas para obtener que nos miren, adoren y estén pendientes de nosotros, es no solo buscar la ruina propia, sino preparar la de muchos, porque es engendrar orgullo-amor propio, es continuar a merced del adversario, es seguir abriéndole la puerta e invitándolo a pasar.

 La intervención milagrosa del Señor sucederá en la medida que renunciemos a la propia voluntad para aceptar Su Voluntad, para colaborar en Que Se Haga-Reine-Triunfe, porque ahí es donde lo recibimos y donde lo dejamos Pasar-Volver, no hay otra manera en la que vaya a suceder la Vuelta-Venida del Señor.

 Considerar que mientras no buscamos Su Voluntad y no colaboramos en Que Se Haga-Reine-Triunfe, estamos rechazando la Vuelta-Venida del Señor, la estamos retrasando e impidiendo, de manera que solo pueden crecer el orgullo y las tinieblas, tanto en el alma como en el mundo con las consecuencias que esto acarrea.

 Las consecuencias son que el adversario y los suyos adquieren mayor poder, control, obtienen mayor libertad, lo que evidentemente no es bueno ni conveniente, sino que es el principio de una gran ruina inevitable.

 Mientras digamos que esperamos la Vuelta del Señor sin colaborar en Que Venga, estamos colaborando en la autodestrucción propia y de toda la humanidad porque seguimos generando orgullo-amor propio, el lugar propicio para que el adversario pueda estar, reinar y permanecer, no solo en el alma, sino también en el mundo.

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