lunes, 30 de diciembre de 2013

satanás SENTADO EN EL TRONO DE SAN PEDRO



satanás SENTADO EN EL TRONO DE SAN PEDRO

 Hoy en día las almas se presentan en el mundo como si estuviesen muy seguras de sí mismas, aparentan perfección y mientras tales cosas realizan, están tratando de ocultar el vacío y la desolación en que se hunden-autodestruyen.

 Niegan la realidad, se esfuerzan por ocultarla, son como los fariseos y maestros de la ley de antaño, solo se dedican a las apariencias, demostrando de esta manera que se han convertido en superficiales miedosas.

 Dedicarse a las apariencias, lo superficial, es signo de miedo, debilidad, preocupación, de falta de fe, de real olvido y negación de Dios.

 Por ello es que hasta hay líderes religiosos adorados como si de dioses se tratase que solo se ocupan de lo terreno, vanidoso, superficial y aparente, por ejemplo en la iglesia católica, donde pareciera que religión es enterrarse en el mundo, dedicarse al mundo mientras se le rinde culto a la imagen-apariencia-personalidad.

 Todo es vanidad, superficialidad, apariencia, fingimiento, culto a la imagen-personalidad, simplemente porque las almas se han vuelto vanas, inútiles, superficiales y aparentes.

 El problema es que se aman a sí mas que a Dios, entonces, ese desamor que tienen para con Dios se evidencia en sus obras inútiles, en sus esfuerzos por lograr ser amadas, adoradas, servidas, obedecidas, tomadas en cuenta, etc.

 Vanidad es preocuparse por sí, vanidad aplicada, ejercitada, cultivada, es dedicarse a sí mismo, y esto es lo que hay en las almas tanto del mundo como de las religiones en el fin del mundo, en el fin de los tiempos, en esta época abominable de desolación, ausencia de Dios, negación de Él y abierta y oculta rebeldía contra Su Voluntad.

 Prima, prevalece, el miedo, la preocupación por sí las almas se adoran a sí mismas y no hacen otra cosa mas que pensar en sí, dedicarse a sí, o peor, a esa imagen-apariencia-personalidad, a la piel de oveja que usan para lograr ser amadas, adoradas y no despreciadas.

 Envueltas las almas en vanidades, terminan por ser arriadas por el adversario, satanás, el que también se disfraza de oveja para ser adorado, el que puede entrar en un alma como lo hizo en judas para conseguir la muerte del Señor.

 Ahí es que lo tenemos a satanás sentado en el trono de pedro, escupiendo el veneno de sus mentiras y seducciones para engañar y acabar de seducir al mundo entero.

Leer:







Revelación pública y privada:

¿Por qué no Vuelve El Señor?

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