martes, 21 de enero de 2014

¿CÓMO AFECTAN LOS VICIOS A LAS ALMAS SIN DIOS?



¿CÓMO AFECTAN LOS VICIOS A LAS ALMAS SIN DIOS?


Los vicios son los que se mencionan abajo y se desarrollan en cada uno de los capítulos según se detalla en el cuadro

Capítulo en el
que se desarrolla
Vicio
1
Soberbia
2
Lujuria
3
Avaricia
4
Ira
5
Pereza
6
Envidia
7
Gula


Capítulo I: Soberbia

 Debemos prestar atención a una simple realidad, tenemos miedo, y el mismo miedo nos domina imponiéndonos que no lo reconozcamos, que no lo aceptemos, y que soberbia y orgullosamente neguemos la verdad.

 Dominados o controlados por el miedo, nos ahogamos en nosotros mismos, es como una soga de angustia ahorcándonos, la que satanás desde el otro extremo retuerce para hacernos sufrir con alguna maliciosa acusación.

 Decimos y queremos creer que no tenemos miedo, pero obramos instintivamente, siempre estamos a la defensiva, es mas nuestra vida se halla orientada y determinada por el miedo.

 Todo ocurre sutilmente, no lo vemos, no lo queremos tampoco reconoce, y es así como el miedo continua creciendo, nos va invadiendo como la humedad en fría noche de invierno que cala hasta los huesos y es imposible quitársela.

 El miedo cristaliza el ser interior, lo congela, nos paraliza, el sufrimiento surge desde adentro, del corazón helado, punciones venenosas y estridentes que atormentan el alma sin cesar.

 El alma llega a caer en la histeria, se halla alterada continuamente, pierde el control, enloquece y se enciende en furia, parece que se ha librado del frío-miedo, pero es solo apariencias, lo que hace es efecto del miedo y autoengaño.

 Encendida en furia, odiando a cualquiera y porque sí, anda buscando motivos para pelear, almas a las que destrozar, alguna víctima sobre la que descarar-vomitar-escupir veneno.

 Supone el alma que se libera, incluso que obra por y para su bien, pero en realidad ha sido engañada, manipulada e instrumentalizada por satanás, por lo que, evidentemente, solo obra por y para su mal actual y eterno.

 Mientras continuemos hundiéndonos en nosotros mismos, vamos a seguir sin ver-tener a Dios, padeciendo irremediablemente las consecuencias de su ausencia, siendo víctimas de la astucia diabólica, y a la vez, instrumentos de su maldad.

 Esto ocurre incluso creyendo y queriendo hacer creer que servimos a Dios, que obramos bien, etc., la presunción es un autoengaño por el que el alma se miente rimero y esencialmente a sí misma para evadirse de la realidad que la atemoriza, hundiéndose por ello en una fantasía que quiere creer y hacer creer.

Capítulo II: Lujuria
 El alma miedosa, o sea, vacía, trivial, desolada, desamorada, aquella que se preocupa por sí misma, se muestra fuerte, finge firmeza y determinación, hace gala de autocontrol y se dice perfecta.

 El alma miedosa es un alma mentirosa, porque primero se miente a sí misma, hace un esfuerzo por engañarse, desdibuja la realidad, la niega, y se engaña creyendo que domina esa realidad que la asusta.

 Se hunde en su miedo, padece angustia, la tristeza la atormenta desgarrándola como si de una sierra se tratase, y en su debilidad, naufraga, se da a la melancolía.

 Se halla abatida, hundida, perdida, enterrada en tinieblas, realmente naufraga en el infierno del olvido de Dios, y aunque diga creer, como no confía en verdad, continúa un camino de descenso.

 El primer descenso del alma se da en sí misma, luego, por el agujero o abismo en el que se convierte mientras se auto-consume al hallarse separada de Dios, se va decantando sola al infierno.

 Desde el fondo de su abismo la alcanzan del infierno, entonces, le succionan vida, la consumen, el alma se siente a cada instante mas vacía y desolada, ve, conoce y padece el infierno sobre la tierra, sufre, se angustia, se encuentra desolada, se va desangrando de a poco.

 Debilitada por la pérdida progresiva de vida, consumida por la ansiedad, la angustia y la desesperación, se entierra y pierde mas en tinieblas, o sea, en olvido y negación de Dios.

 Esto ocurre aunque diga creer, porque creer no es lo mismo que confiar, creer en Dios es lo primero, confiar es un paso mas allá donde el alma sigue al Señor, lo obedece.

 No teniendo fe verdadera, no confiando realmente, naufraga el alma angustiada, hundida y perdida en sí, exponiéndose al infierno, dejándose robar vida, consumir la vitalidad, entregándose como desahuciada a vicios dominada o controlada por la mala voluntad, queriendo incluso su propio mal.

 No teniendo verdadera fe, no tiene salida, no tiene salvación, solo el infierno, las tinieblas y la perdición, mientras que en el mundo solo puede conocer angustia, vacío, desolación, locura, obsesión, etc.

 Los demonios creen en Dios, saben de su existencia, lo odian, pero no tienen fe, no lo vieron ni lo van a ver. Las almas se exponen a algo similar, no salen de sí mismas, no levantan la cabeza, se hunden-ahogan sin prestarle atención a Dios mismo que quiere salvarlas, se pierden porque creen en Dios, pero no confían como para seguirlo.

Capítulo III: AVARICIA

 El alma siente angustia, tristeza, vacío y desolación, padece y hundiéndose en sí misma debilitada, se angustia y entristece mas, porque se odia, auto-desprecia al verse padeciendo y miserable, reducida a un estado lamentable.

 Por mas que se queje, angustia, lamente y hasta se odie, la verdad es muy diferente a lo que quiere creer y hacer creer. Quiere creer y hacer creer que padece por culpa o responsabilidad de otros, y se convence de que es así acusándolos.

 Acusa a otros porque no la obedecen, ella en sí misma determina lo que deben obrar por y para ella, y no obteniendo que le hagan caso, se enfurece, descontrola, salta su demonio, surge su ser real bestial y comienzan las acusaciones, las excomuniones.

 El problema es que permanece encerrada y hundida en ella misma, se halla perdida en su propio abismo, entonces, solo consciente de sí, determina lo que deben obrar otros por ella, siendo realmente indiferente a Dios y a todos.

 Así es como la tirana se vuelve delirante, luego se expresa en caprichos y al final, no siendo satisfecha, odia.

 En el colmo del orgullo y amor propio, ni se le ocurre admitir su error, ver que es una egoísta perversa desamorada a la que no le importa nada de nada, en sus delirios dice y cree ser perfecta, y si advierte que odia, se excusa diciendo que esta bien, es debido, que otros lo provocan y/o merecen.

 Realmente es una enajenada, una alienada, permanece ajena de la realidad, se encuentra encerrada en su orgullo, perdida en su delirio, enterrada en su fantasía queriendo ver lo que caprichosamente se le antoja que es verdad, o sea, contemplando la mentira.

 De tanto mentirse, de tanto esfuerzo por engañarse, termina perdiendo la noción de la realidad, llega a creerse sus mentiras simplemente porque quiere creerlas, el mismo miedo la domina y la mueve para que se evada de la realidad enterrándose en la falsedad que inventa y que supone que controla, pero esa fantasía delirante es la que la esta controlando.

 Esta dominada, controlada y sometida por su misma fantasía-capricho-alineación, por lo que ha construido, creado, engendrado, alumbrado, en otras palabras, la propia mentira, le miente y ella le cree, entonces, es una lunática, y todo es obra de su inmadurez, de cultivar caprichos, de querer prevalecer dominar, reinar, imperar, imponerse.

 Eso demuestra que en el fondo es obra del miedo, porque la persona que quiere prevalecer, controlar, dominar, lo hace por miedo, lo hace instintivamente queriéndose defender, prevenir, proteger.

Capítulo IV: IRA

 El alma egoísta, miserable, por mas que se queje y acuse, por mas que quiera creer y hacer creer que sus padecimientos son por culpa o responsabilidad de otros, sufre por lo que es y por lo que hace.

 Sufre por lo que es, por miserable, egoísta, desamorada, porque el amor no circula por sus venas, por las venas de su ser, entonces, padece la desolación, el que se hallen resecas.

 Sufre por lo que hace que es odiar, aborrecer, arder en furia generando odio y acusaciones porque no es obedecida, servida, adorada, tomada en cuenta.

 El alma miserable y desamorada, egoísta, lo es porque no quiere ser generosa con Dios, porque no quiere desprenderse de sí, renunciar a su pretendido dominio, porque siempre quiere prevalecer, imponerse, ganar, incluso hasta por encima de Dios.

 Dice y cree ser perfecta, pero es solo orgullo, delirios, caprichos que desea creer, no es perfecta, tal vez haya realizado algo bueno, tal vez enga algo bueno, pero eso no la vuelve perfecta, y mucho menos superior a Dios.

 Quiere creer que es superior, perfecta, grande, importante, simplemente porque así huye del miedo, de la oscuridad y tinieblas, porque así es como se convence de que se le debe obedecer, que las personas de en derredor le pertenecen y puede disponer de ellas como si de cosas se tratase.

 La verdad es que en el fondo es una maldita caprichosa miedosa solo preocupad por ella misma a la que no le importa nada de nada ni de nadie, una egoísta desamorada miserable que desea verse llena o saciada, pero que jamás ha sembrado, y por ello es imposible que coseche.

 Ni en sueños admite no haber sembrado, entonces, obra como los demonios, se miente y convence de que todo se le debe, así es que exige, toma, obliga a que la adoren, sirvan, obedezcan.

 Esto pone en evidencia la verdad, es una maldita caprichosa resentida que se esta cobrando venganza, una miserable odiosa que aun pelea con fantasmas, que se halla perseguida por espectros.

 No ha perdonado, su alma se pudre, y cuando padece las consecuencias de esa podredumbre, encuentra culpables, pero la verdad no ha cambiado, continúa siendo la misma por mas que no la vea ni la quiera ver, esta podrida, y eso es porque no ha perdonado, no amó ni lo quiere hacer, solo busca motivos para seguir odiando.

 Al no perdonar, tiene una herida abierta que genera pus, que produce veneno, entonces, llega a convertirse en una bestia sedienta de venganza, una enferma de odio perdida por su resentimiento.

 Hallándose en este estado, pierde la capacidad de razonar, no ve, no entiende, se ha convertido en una fuente de ira, de odio, veneno, y por ello, de destrucción, muerte, maldad.

 Es un dócil instrumento en las garras de satanás que puede usarla como se le antoje, que la emplea tanto mejor si se trata de un alma que ha escalado a algún puesto de poder o autoridad en el mundo.

Capítulo V: PEREZA

 El alma miserable, egoísta y desamorada, no hace otra cosa mas que quejarse y lamentarse, pero es incapaz de moverse para remediar su situación, se hunde, ahoga y pudre en su abismo, pero se queda ahí mientras se queja, hace escándalo y acusa a todos por lo que padece.

 Encerrada en su presunción, dominada por su maldad, se convence de que sufre o padece por culpa de otros, y de que es responsabilidad de esos o de terceros el sacarla, asistirla o socorrerla.

 Se convierte en una cerda caprichosa egoísta y desamorada que no hace otra cosa mas que quejarse, por ello pasa todo el tiempo entre escándalos, berrinches e histeria.

 No le importa nada ni nadie, lo único que hace es buscar razones como excusas para imponer que se ocupen de ella, para demandar que le presten atención, y para obligar a que la obedezcan.

 Se ocupa de sí misma, se empeña en hacerse amar, adorar ver, reconocer, obedecer, etc., y ese es todo su trabajo y ocupación, es decir, dedicarse de tiempo completo a sí misma, a su orgullo y egolatría.

 De esta manera llega a ser miserable, egoísta, y no deja de quejarse, no deja de lamentarse, de querer dar lástima de fingirse pobrecita, suplicando atención, queriendo imponer que le presten atención, la sirvan y obedezcan.

 Termina por deformarse, por volverse abominable, porque se excede dedicándose a sí misma, se hunde y pierde en sí, termina por devorarse ansiosa a sí misma, se enferma hasta enloquecer desesperada clamando atención, imponiendo que la sirvan y obedezcan.

 Otro gran esfuerzo en el que se consume es en el de hacer berrinches, armar escándalos, cosa que le resulta fácil porque es una histérica desamorada trivial de vida liviana, una verdadera alienada perdida en sus delirios y convencida de sus fantasías, entonces, si se cree reina y alguien no la obedece, en sus razonamientos incoherentes, merece un escándalo, una persecución, una excomunión.

Capítulo VI: ENVIDIA

 ¿Qué hace el alma que no ama a Dios?, odia aunque no lo quiera, simplemente porque la podredumbre fermenta adentro, porque no puede evitarlo, porque el odio e un espíritu que esta produciéndose en su interior y odia por él mismo.

 El alma que no ama a Dios, se ama a sí misma, o mejor, porque se ama a sí misma, no ama a Dios, generando de esta manera vacío, desolación, ausencia de Dios, llenándose de orgullo y amor propio.

 Ese orgullo bajo presión, o sea, al ser despreciado, se enciende, volatiliza, explota, se convierte en odio, genera un deseo de venganza, un querer cobrarse la humillación.

 Esa venganza consiste en humillar al mismo que humilló o en humillar, vencer, dominar y someter a otros, pero, por algún lado se libera la presión y siempre tiene que haber una víctima, un culpable, reparación

 A veces se disfraza, finge amor, pero es un falso amor, un amor egoísta, posesivo, de palabras seductoras, pero de obrar siniestro, porque es la acción de la misma alma queriendo venganza, buscando reparación y tratando de prevenirse.

 La persona puede no darse cuenta, pero no por ello es inocente, si obra mal, padece tinieblas y se halla separada de Dios, y también, debería examinarse, abandonar su orgullo, desengañarse, dejar de mentirse, hacer un esfuerzo por no vencer una vez.

 Se obsesiona en defender su orgullo, por ello como satanás, por seducción, engaño o violencia, quiere ganar, prevalecer e imponerse, busca la manera de hacerse servir, ver, adorar, tomar en cuenta.

 Esto pone de manifiesto que guarda rencor, que tiene miedo, que se halla hundida en sí misma  que es voluntariamente desamorada, que incluso no quiere ni su propio bien, el deseo de venganza de su orgullo malherido la domina.

 Se tiene lástima, se auto-compadece en el fondo, pero su deseo de venganza es mas grande y no deja de intentar concretarlo, no deja de satisfacerlo.

 Un alma así es lo que normalmente se conoce como ‘desgraciada’, pero también, es ‘un pobre diablo’, no es otra cosa mas que una maldita miserable egoísta  desamorada a la que no le importa nada de nada ni de nadie, que pasa sobre la faz de la tierra destruyendo, aniquilando, estropeando al servicio de satanás.

Capítulo VII: GULA

 El alma miserable, desamorada, que solo y siempre piensa en sí misma, lo único que desea hacer es eso, continuar pensando en sí misma, seguir negándose a Dios, continuar oponiéndose a Su Voluntad.

 En su orgullo y presunción se miente-engaña, dice ser perfecta, mientras que pierde tiempo acusando, criticando y denigrando a otros, obrando al final como el fariseo de la parábola que criticaba al publicano sin querer ver que la inmundicia no solo la tenía él, sino que era él mismo.

 El orgullo es repugnante en las almas, es repulsivo, odioso, veneno, algo que denigra y destruye, corrompe y estropea, pero las almas adoran su orgullo, no dejan de auto contemplarse, de alabarse y de sentirse satisfechas de lo que en realidad es veneno.

 Lo peor es que hay almas que se fingen humildes, que aparentan humildad, por ello andan con la cabeza gacha realizando acciones vistosas para construir su imagen de pobrecitas, desgraciadas o de grandes humildes.

 ¡Hipócritas!, el fuego del infierno que arde en sus entrañas desamoradas clamando adoración debería servirles de advertencia, el ardor infernal que padecen mientras suplican adoración, tendría que servirles de aviso, pero no, se mienten, se vuelven repugnantes.

 No dejan de rechazar a Dios, de ignorar la Verdad, de mentirse a sí, no dejan de cultivar la hipocresía infernal que las mantiene postrada en el abismo ya desde ahora, que las hace files cómplices de satanás.

 Las almas repugnan de orgullo, y encima, se fingen humildes, insultando a Dios por ello, perdiendo el tiempo en adorarse y en empeñarse en hacerse adorar.

 El veneno corre por sus venas desamoradas ardiendo, suplicando adoración, reclamando atención, exigiendo satisfacción, y encima, se dicen humildes, hacen lo que el mundo alaba, felicita, celebra, excitándose con la adoración que reciben.

 Que sepan esas almas hipócritas, embusteras e infernales que la humildad verdadera es odiada por el mundo, es condenada, aborrecida, cuestionada, simplemente porque el mundo no la comprende, en cambio, esa falsa humildad que esgrimen especialmente los líderes religiosos, el mundo la celebra y adora.

 El mundo no quiere ver que adora la imagen que le venden, no quiere ver mas allá, ni lo mas simple y evidente, solo quiere ver las vanidades, la humanidad se sienta frente al televisor y cree que es verdad lo que se el vende, colaborando de esta manera en el lavado de cerebros que le hacen satanás y sus demonios.

 No hay alma pura, santa, buena o inocente, todo se ha corrompido tano que es prácticamente imposible hallar almas puras. Esto no es excusa para no buscar la pureza, es advertencia de realidad, dosis de verdad.

 La verdadera humildad es obedecer a Dios, y obedeciéndolo, las almas realmente humildes, son odiadas por el mundo, porque el mundo odia la verdadera humildad, aborrece la obediencia a Dios y ofrece al servicio de satanás miles de inútiles alternativas que son una distracción.

¿CÓMO AFECTAN LOS VICIOS A LAS ALMAS SIN DIOS?:

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