miércoles, 8 de enero de 2014

EN CONTRA DE DIOS, DE NOSOTROS Y DE TODOS



EN CONTRA DE DIOS, DE NOSOTROS Y DE TODOS

 Lo que las almas deben hacer en el mundo es buscar la Voluntad de Dios y aceptarla, porque al hacerlo están aceptando a Dios, es a Él mismo que están recibiendo, llenándose de su Vida-Presencia de esta manera.

 Si las almas dejan de buscar la Voluntad de Dios y dejan de obedecerlo en Su Voluntad día a día Revelada, se están privando a sí mismas de la Vida-Presencia de Dios.

 Al no recibir a Dios y al decir, fingir y creer que lo tienen, se engañan  así mismas, y lo que es peor, pretenden engañar a otras almas, y al final, hasta a Dios mismo en el colmo de su delirio orgulloso.

 Al no buscar y no aceptar la Voluntad de Dios, se privan a sí mismas de Dios, de Su Vida-Presencia, entonces, solas se están sometiendo a las tinieblas que las atormentan a la vez que le abren las puertas al adversario que puede ver similitud con su inmundo agujero, pudiendo por ello acceder a atormentarlas.

 Las tinieblas avanzan en las almas y por medio de éstas en el mundo. Las tinieblas son el signo de la presencia de la muerte eterna, un denso manto oscuro que se echa encima de la humanidad atrapándola, envolviéndola, aplastándola  sometiéndola.

 Pueden las tinieblas avanzar porque se ha echado a Dios, se lo hizo retroceder, y como Dios Es La Luz, su ausencia provocada por la rebeldía y el prescindir o renegar de Él, es el lugar donde las tinieblas pueden avanzar.

 Tinieblas o muerte eterna son una misma cosa, y como Dios Es la Vida, se entiende que, cuando nos apartamos de Él, quedamos sumidos en tinieblas, privados de vida, sin Él, sometidos a la muerte-tinieblas que avanzan devorándonos, consumiéndonos, destrozándonos, estropeándonos, corrompiéndonos, trasformándonos a imagen y semejanza del adversario.

 Si queremos dejar de padecer el infierno devorador, debemos dejar de comportarnos como dignos de éste, es decir, tenemos que dejar de ser rebeldes contra Dios, dejar de prescindir de Él, dejar de apartarnos hundiéndonos siempre en nosotros mismos llenos de miedos, dudas, preocupaciones, etc., como acostumbramos.

 El orgullo presuntuoso y delirante en el que nos sumergimos rindiéndonos honores, adorándonos a nosotros mismos, nos lleva a pensar-creer que somos mas buenos que Dios, cuando en realidad es rebeldía, miedo y expresión del deseo temeroso que nos mueve a querer dominarlo, vencerlo o someterlo.

 Ahí fingimos que hacemos buenas obras, pero en realidad solo estamos orando con miedo y par alimentar el ego, expresando de esta manera la rebeldía infernal, volviéndonos cómplices-esclavos de satanás en contra de Dios por supuesto, y por lo tanto, en contra nuestra y de todos también.

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