sábado, 4 de enero de 2014

EN LO ÚNICO QUE PIENSAN



EN LO ÚNICO QUE PIENSAN

 Ya es definitivo e irremediable, hay almas que no abrieron los ojos ni van a hacerlo, no les interesa, desean continuar con sus malos caminos, apegadas a sí mismas y enterradas en su abismo.

 Hay almas que, aun viendo signos y señales, desean continuar enterradas en su sepulcro-abismo-agujero, es decir, prefieren seguir mintiéndose a sí mismas, siguen con la farsa de que son dueñas de sí cuando en realidad son esclavas de sí.

 Son esclavas de sí mismas porque el miedo, su mismo abismo-vacío de Dios, las domina, controla, somete, etc., determinando su voluntad e imponiéndoles lo que deben hacer y lo que no.

 El miedo, el abismo-vacío de su ser desamorado las controla y son incapaces de tener Fe, de creer realmente en Dios, de seguir al Señor como una persona Viva, Viviente, capaz de Revelarse.

 El pueblo del antiguo testamento cuando Pasó El Señor por el mundo pudo ver signos, tuvo innumerables señales, pero deseó continuar con sus ojos cerrados y apegados al suelo, enterrados en el abismo de su ombligo-yo.

 Esto se debe a que no quisieron renunciar a sí mismos, no quisieron pasar a confiar verdaderamente en Dios despojándose de sí mismos. Prefirieron continuar con sus gustos, costumbres, comodidades y falsas seguridades.

 Eligieron continuar encerrados en la mentira de que eran dueños de sí mismos cuando en realidad eran esclavos de la mentira que se esforzaban por construir, sostener, defender y perpetuar.

 Dios no obliga a las almas a salir del auto-encierro, del sepulcro-abismo, Él invita, Llama, busca, pasa, pero las almas eligen lo que desean. Esto se debe a que, si no están plenamente convencidas del bien que Dios quiere hacerles, lo van a despreciar, van a dudar de Dios y van a terminar por traicionarlo como hizo judas.

 En las dificultades se van a quejar, se van a echar hacia atrás, y al final, van a odiar a Dios por el bien que les hace, simplemente porque se trata de almas cómodas ególatras que en lo único que piensan es en su propia satisfacción.

 Quieren ser adoradas por Dios, pero no quieren adorar a Dios, fingen amarlo, pero no desean moverse, no quieren abandonar el sepulcro inmundo de su comodidad e indiferencia, de su desamor y egolatría, no dejan de pensar en sí mismas y de anteponerse.

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