sábado, 18 de enero de 2014

ESCLAVAS DE SUS CAPRICHOS Y PRISIONERAS DE SUS MIEDOS



ESCLAVAS DE SUS CAPRICHOS Y PRISIONERAS DE SUS MIEDOS

 Hoy en día se insiste mucho con la unidad, igualdad, hermandad, etc., es un palabrerío inútil con el que satanás quiere imponer su dominación.

 La verdadera unidad es aquella que se da en la diversidad, donde se respetan y aceptan las diferencias haciendo el esfuerzo necesario para convivir en paz, donde se genera el amor porque cada uno cede una porción de su posición para lograr entendimiento y alcanzar la concordia.

 La falsa unidad es aquella en la que se busca uniformar, imponer un cliché, dar una forma unánime, diciendo que es igualdad porque para todos en apariencias, es igual.

 Esa uniformidad violenta y forzosa, totalitaria y absolutista, no es unidad, es sometimiento, tiranía, es una esclavitud que aplasta las diferencias y por medio de la violencia se mantiene fingiendo que hay unidad porque el violento que se impone prevalece.

 Hoy en día se vive el fundamentalismo ideológico hipócrita y desamorado que se disfraza de miles de maneras. Esto se comprueba en el hecho de que nadie acepta una idea diferente, las almas enseguida odian, condenan y aborrecen lo que ven diferente.

 De esta manera es como en los hechos demuestran la verdad que niegan y ocultan con sus hipócritas y seductoras palabras, porque en su intolerancia y fundamentalismo defendiendo la propia idea, manifiestan que no aman a Dios ni al prójimo.

 Cada cual en sí mismo es absolutista, no se permite ver o pensar diferente, nadie acepta una idea distinta a la preconcebida, las almas están encerradas en sí mismas y a la defensiva, expresando de esta manera la realidad decadente de su interior si Dios.

 Están a la defensiva porque tienen miedo y esa defensiva consiste en imponerse y prevalecer, en rechazar y condenar toda idea diferente.

 Así es como las lama se han cerrado a la Revelación, no admiten la idea de un Dios Vivo Real que pueda Revelarse, no lo quieren escuchar, entender, y mucho menos obedecer, cada cual se encierra en sí mismo y se cree dueño de sí negándose a ver la realidad.

 El alma encerrada en sí, no es dueña de sí misma como quiere creer, es esclava de sí, de ese abismo-vacío-sepulcro en el que se ha ocultado fingiéndose segura, queriendo creer que es segura, no viendo lo que es en realidad, una enajenación, un mundo sin Dios, sin vida sin verdad y sin amor.

 De esta manera las almas llegan a ser esclavas de sus caprichos, prisioneras de sus miedos y reas de sus ambiciones.

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