miércoles, 22 de enero de 2014

FALTA DE AMOR



FALTA DE AMOR

 Como tememos no ser amados, aceptados, tomados en cuenta, no queremos obedecer a Dios, entonces, solo tenemos una fe aparente, superficial, vanidosa e inútil porque llegamos a ser hipócritas.

 Finimos amar a Dios, fingimos obedecer a Dios, fingimos todo como lo hacían fariseos, maestros de la ley, saduceos y escribas, cuidamos las apariencias, nos fijamos en lo superficial sin llegar a convertirnos en esencia.

 Como no hay verdadero amor a Dios, no hay verdadera fe, y como no hay verdadera fe, no hay conversión real, entonces, permanecemos en la mediocridad, nos volvemos superficiales vanidosos sin Dios.

 Si no amamos a Dios, no tenemos amor, solo somos una montaña de orgullo, un abismo disimulado, verdaderos sepulcros blanqueados. No amando a Dios, no lo recibimos, y no recibiéndolo, no tenemos vida, realmente estamos muertos y hundidos-enterrados en nosotros mismos practicando la idolatría, la egolatría infernal.

 Las almas se van resecando, el amor se a extinguiendo, todo es orgullo, egoísmo, dedicación a sí mismo, amor propio abominable y repulsivo, una inmunda hipocresía infernal es lo que fermenta en las almas.

 No amamos a Dios ni a nadie, simplemente porque no dejamos de esforzarnos en adorarnos, en contemplarnos, en cultivar la egolatría narcisista por la que prescindimos de Dios, y encima, después nos quejamos de padecer las consecuencias de estar sin Dios, pero no remediamos la situación, no nos convertimos, no volvemos a Él.

 Nos convertimos en rengados rebeldes insensibles que no dejan de quejarse, que siempre buscan motivos para acusar a Dios, porque somos caprichosos, queremos verlo como culpable, pero es hora de madurar, de abrir los ojos, de ver-entender que Dios quiere Salvarnos, nosotros no colaboramos.

 Somos unos caprichoso resentidos orgullosos que no quieren colaborar con Dios, que solo se quejan, hunden y lamentan volviendo su vida un infierno por ello, y por mas que queramos hacer escándalo, dar lástima o creer y hacer creer que la culpa es de otros o hasta de Dios, la verdad es que padecemos por mezquinos caprichosos miserables.

 Como Dios no nos conforma, no queremos obedecerlo, no queremos colaborar, no viendo que así es como nos perjudicamos, que los que llevan la peor parte, somos nosotros mismos.

 Como no colaboramos con Dios, Él no puede socorrernos, y si no puede salvarnos, ¿Por qué seguimos quejándonos y acusándolo?, porque somos orgullosos engreídos malitos y despiadados, unos verdaderos caprichoso desamorados que están orgullosos de sí, de su cumplimiento, de su mismo vacío, no queriendo reconocer su falta de amor.

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