jueves, 9 de enero de 2014

JESÚS=DIOS CON NOSOTROS



JESÚS=DIOS CON NOSOTROS

 Al renegar de Dios, al prescindir de Él y no aceptar Su Voluntad, hemos generado en nosotros un espíritu impuro. Si hubiésemos renunciado a nosotros mismos y elegido a Dios, habríamos generado un espíritu puro, de verdadero amor a Dios.

 Tenemos un espíritu perezoso, indiferente a Dios, que en esencia no es mas que miedo, preocupación egoísta por sí, que gusta de vicios, que se entrega a toda perversidad.

 Hemos generado un pequeño tirano que nos domina, gobierna, somete, esclaviza, que nos obliga a vivir para él, y es ese espíritu orgulloso de amor propio que clama adoración y gloria obligándonos a bajar la mirada, a no prestar a Dios la debida atención.

 Por ello es que terminamos dominados por el miedo, por la inútil preocupación por nosotros mismos y no hacemos mas que buscar la falsa seguridad de tratar de dominar, imponernos, prevalecer, reinar, etc., volviéndonos caprichosos.

 Somos caprichosos porque somos rebeldes, porque nuestro espíritu inmortificado, desamorado, preocupado por sí nos mueve a continuar siendo rebeldes contra Dios, nos impone dedicarnos a satisfacerlo sin límite ni razón.

 Así es como terminamos hundidos en nosotros mismos, es de esta manera que acabamos sumergidos en el olvido de Dios que generamos preocupándonos excesiva e inútilmente por nosotros mismos.

 Generamos un espíritu de miedo, de preocupación inútil por nosotros mismos que nos domina y que se comporta como realeza, que nos arrastra a vicios y demanda atención y satisfacción imponiéndonos el olvido de Dios.

 El problema es que no le ponemos límites, no le decimos, ‘basta’, lo conformamos, siempre le damos el gusto a nuestro ‘yo’, no renunciamos a nuestra voluntad y no dejamos de alimentar la ambición, de satisfacer los caprichos.

 Conformando siempre nuestro ego y ambición, generamos un deseo de satisfacción constante que se traduce como deseo de adoración, que nos convierte en hijos de satanás y no en hijos de Dios.

 Si aprendiésemos a renunciar a la voluntad propia para aceptar la Voluntad de Dios, generaríamos en nosotros un espíritu de amor a Dios, de verdaderos hijos de Dios y estaríamos en constante o permanente adoración porque pasaríamos por el mundo de Presencia de Dios, en verdadera comunión con Él.

 Si tuviésemos un espíritu de hijos de Dios, tendríamos al Señor, Jesús, el Verdadero y Único Hijo de Dios con nosotros, Jesús=Dios con nosotros, porque estaría Vivo y Reinante en nosotros.

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