lunes, 20 de enero de 2014

NO ES LO MISMO CREER QUE TENER FE



NO ES LO MISMO CREER QUE TENER FE

 El alma miedosa, o sea, vacía, trivial, desolada, desamorada, aquella que se preocupa por sí misma, se muestra fuerte, finge firmeza y determinación, hace gala de autocontrol y se dice perfecta.

 El alma miedosa es un alma mentirosa, porque primero se miente a sí misma, hace un esfuerzo por engañarse, desdibuja la realidad, la niega, y se engaña creyendo que domina esa realidad que la asusta.

 Se hunde en su miedo, padece angustia, la tristeza la atormenta desgarrándola como si de una sierra se tratase, y en su debilidad, naufraga, se da a la melancolía.

 Se halla abatida, hundida, perdida, enterrada en tinieblas, realmente naufraga en el infierno del olvido de Dios, y aunque diga creer, como no confía en verdad, continúa un camino de descenso.

 El primer descenso del alma se da en sí misma, luego, por el agujero o abismo en el que se convierte mientras se auto-consume al hallarse separada de Dios, se va decantando sola al infierno.

 Desde el fondo de su abismo la alcanzan del infierno, entonces, le succionan vida, la consumen, el alma se siente a cada instante mas vacía y desolada, ve, conoce y padece el infierno sobre la tierra, sufre, se angustia, se encuentra desolada, se va desangrando de a poco.

 Debilitada por la pérdida progresiva de vida, consumida por la ansiedad, la angustia y la desesperación, se entierra y pierde mas en tinieblas, o sea, en olvido y negación de Dios.

 Esto ocurre aunque diga creer, porque creer no es lo mismo que confiar, creer en Dios es lo primero, confiar es un paso mas allá donde el alma sigue al Señor, lo obedece.

 No teniendo fe verdadera, no confiando realmente, naufraga el alma angustiada, hundida y perdida en sí, exponiéndose al infierno, dejándose robar vida, consumir la vitalidad, entregándose como desahuciada a vicios dominada o controlada por la mala voluntad, queriendo incluso su propio mal.

 No teniendo verdadera fe, no tiene salida, no tiene salvación, solo el infierno, las tinieblas y la perdición, mientras que en el mundo solo puede conocer angustia, vacío, desolación, locura, obsesión, etc.

 Los demonios creen en Dios, saben de su existencia, lo odian, pero no tienen fe, no lo vieron ni lo van a ver. Las almas se exponen a algo similar, no salen de sí mismas, no levantan la cabeza, se hunden-ahogan sin prestarle atención a Dios mismo que quiere salvarlas, se pierden porque creen en Dios, pero no confían como para seguirlo.

Leer:

LOS MISTERIOS DEL SER PRESIDENCIAL, Descubriendo la esencia de la autoridad de estos tiempos: http://jorgelojo12.blogspot.com.ar/2013/11/los-misterios-del-ser-presidencial.html

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