miércoles, 1 de enero de 2014

NOS BURLAMOS DE DIOS



NOS BURLAMOS DE DIOS

 Por miedo, cobardía, desinterés incluso del propio y verdadero bien, no queremos abrir los ojos a la realidad, no queremos aceptar la verdad, continuamos encerrándonos en una horrenda fantasía que termina por ser un sepulcro eterno.

 Por mas que deseemos creer o ver otra cosa, la realidad no va a cambiar, y si vemos y creemos algo diferente, lo único que hacemos es evadirnos, enterrarnos en un abismo de fantasía del que no queremos salir.

 La verdad mas cruda, grave e irremediable es que hemos echado-desechado a Dios, que prescindimos de Él, razón por la que el mundo se ha convertido en un infierno.

 El Cielo es donde esta Dios, y donde Él Esta, puede hacer un Cielo, se trate de un alma, un grupo de éstas, una organización, etc., pero donde Él no esta, donde permanece ausente, es y será un infierno.

 El problema es que las almas se privan de Dios y luego fingen que no ocurre nada malo, grave o que todo sigue igual y que hasta son felices, esforzándose por ver y creer la mentira con la que se están hundiendo en el infierno para siempre.

 Hemos renegado de Dios, lo rechazamos, prescindimos de Él, nos apartamos de Su Voluntad, entonces, no lo tenemos, pero ni siquiera nos importa, continuamos con nuestras fantasías evadidos de la realidad y encerrados en horrendo abismo de egolatría infernal.

 Continuamos con las mismas costumbres, acciones, omisiones, rituales, cumpliendo y ejecutando todo, negando el simple y mas que evidente hecho de que dios no están, de manera que aquello que hacemos o no hacemos, es signo de hipocresía.

 No queremos ver que Dios no esta, al contrario, como tontos nos esforzamos por creer que esta y que lo tenemos, incluso hasta que nos felicita y adora, entonces, estamos siguiendo adelante con una farsa, una escenificación grotesca infernal con la que nos burlamos de Dios.

 Hacemos lo mismo que el pueblo que fue el elegido con anterioridad, seguimos con una farsa infernalmente hipócrita fingiendo que tenemos a Dios cuando hemos prescindido de Él, cuando nos hemos convertido en renegados desamorados, verdaderos farsantes embusteros que se desesperan por saciar-conformar su ego.

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