jueves, 23 de enero de 2014

PERDIDOS, DESORIENTADOS



PERDIDOS, DESORIENTADOS

 Todos nos quejamos y hacemos berrinches por los límites que padecemos, incluso hasta hay quienes en sus escándalos histéricos se vuelven insoportables, odiosos y resentidos como prostitutas despechadas.

 Las almas en estos tiempos se han vuelto repulsivamente odiosas y totalmente resentidas, no hay alma que no ore por despecho, en venganza, por capricho y maldad.

 Fermentan las impurezas infernales y las almas se transforman en abominables, son realmente como cadáveres caminando, o peor, reptando sobre la faz de la tierra suplicando adoración por un lado, y vomitando veneno por el otro.

 Ante un límite, una humillación, algo que produzca un menoscabo a los excesos, caprichos y ambiciones, las almas explotan histéricas y desesperadas clamando venganza, expresando el abominable ser de su interior desamorado.

 No hay amor en las almas, entonces, ante un tropiezo, un revés, una humillación, vociferan furiosas como si de demonios aullando se tratase, hacen escándalos y berrinches.

 Finalmente, se dan totalmente al odio, a los caprichos, a la maldad, obrando como adolescentes que se empeñan en demostrar su furia destruyendo, estropeando, aniquilando, matando, etc.

 Ni siquiera advierten que el peor y primer perjudicado es el que ora mal, primero porque se aparta de Dios, y segundo porque todo lo que se hace, es siembra, de ahí que podemos augurar la próxima cosecha, “El que siembra vientos, cosecha tempestades”.

 En vez de obrar como personas adultas, maduras, comprendiendo los límites, aceptando las humillaciones, explotamos como adolescentes imberbes, soberbios, caprichosos y desamorados clamando venganza, enterrándonos en tinieblas.

 Por ello es que andamos perdidos, desorientados, si Dios, realizando las malas obras de las tinieblas mientras que nos esforzamos por convencernos de que obramos bien solo porque alimentamos le orgullo y satisfacemos el ego.

 La venganza es inconsciente a veces, y consiste en dedicarse a sí mismo, es ese hacerse amar, adorar, aceptar, etc., y es donde las almas se olvidan de Dios diciendo que obran por y para su bien, y hasta fingiendo que es por el bien de otros.

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