QUE ÉL VIVA EN NOSOTROS



QUE ÉL VIVA EN NOSOTROS

 Estando siempre tan frenética como inútilmente preocupados por nosotros, terminamos volviéndonos indiferentes a Dios, caemos en un abismo de olvido y negación de Él que es la antesala del infierno.

 Por ello es que estamos dedicados solo a nosotros mismos, a hacernos amar, adorar, aceptar, servir, etc., suponiendo que de esta manera vamos a librarnos del miedo angustiante, insidioso y desesperante que nos embarga.

 Es propio de la debilidad que nos domina el estar inclinados, hundidos y encerrados en nosotros mismos, es lo que hace evidente la decadencia espiritual, la ausencia de Dios, la falta de un verdadero amor a Él.

 Con miedo y creciente preocupación angustiante y ardientemente desesperante, manipulados por la ansiedad, nos movemos para buscar aceptación, reconocimiento, etc., volviéndonos totalmente descontrolados, convirtiéndonos en demonios que exigen y desean lograr lo que solo a Dios corresponde.

 Como no hacemos otra cosa mas que pensar en nosotros y dedicarnos a satisfacernos, nos vamos hundiendo y ahogando en nosotros mismos no queriendo comprender que el mal nos lo estamos causando al olvidarnos de Dios y apartarnos de Él.

 Lo que nos atormenta y hace padecer surge al separarse de Dios, aparece cuando nos separamos de Él, y si nos dedicamos a aliviarnos instintivamente, terminamos haciendo lo que nos perjudica, o sea, reclamamos adoración para coronar el olvido y la negación de Dios, para consumar el alejamiento y la oposición, la rebeldía real que nos coloca de cabeza en el abismo eterno.

 Estamos enredados y empantanados, nos ahogamos en nosotros mismos y con lo que en el interior hemos forjado, generado y provocado, nadie nos esta perjudicando tanto como nosotros, simplemente porque no dejamos de alimentar y provocar rebeldías, ambiciones y caprichos.

 Lo realmente grave es que, cuando nos preocupamos demasiado por nosotros, nos olvidamos de Dios, nos apartamos de Él, y hasta terminamos oponiendo a Su Voluntad porque, sometidos por el miedo, queremos controlarlo, dominarlo, someterlo, ponerlo a nuestra disposición.

 Lo que nos hace falta es morir o renunciar a nosotros mismos para Que Se Haga la Voluntad de Dios en nuestra vida y así Él Viva en nosotros.

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