martes, 7 de enero de 2014

¿QUIÉNES SON LOS MUERTOS?



¿QUIÉNES SON LOS MUERTOS?

 Las almas no dan importancia a las cuestiones espirituales, sin embargo, éstas no dejan de producir efectos, y ni siquiera se modifica la verdad como ellas quieren creer en sus delirios orgullosos.

 La verdad es que las realidades espirituales son primero, luego las materiales son consecuencia o reflejo de ellas.

 Las almas cambian las realidades materiales sin modificar las espirituales, entonces, realizan cambios superficiales, hipócritas, que no se condicen con la realidad primera que es la espiritual, de manera que, son cambios que solo precipitan un fracaso de por sí ya inevitable.

 Primero debemos cambiar las realidades espirituales, poner orden en lo espiritual, luego, como consecuencia de ese orden, se producirán cambios en lo material, pero si obramos al revés, corremos el riesgo de caer en un autoengaño.

 Estar en orden espiritualmente es amar a Dios por sobre todo y todos, es obedecerlo, dejarse guiar por Él, es buscarlo y seguirlo en sus planes porque Él Es Dios y sabe como y cuando obrar, qué hacer y qué no hacer, etc.

 Considerar acá que tenemos un Maestro-Mesías-Salvador, El Señor, Jesús, El Hijo de Dios, El Que Es Enviado por Dios para la salvación de las almas, es a Él que debemos buscar, escuchar, aprender a seguir, porque Él Vive, nosotros somos los tontos que lo damos por muerto.

 Lo damos por muerto porque creemos que no puede o no debe Revelarse, o que le es imposible manifestarse a quién sinceramente lo busca. Somos nosotros los que lo matamos en espíritu como antes lo mataron en el cuerpo, porque le impedimos Que Se Revele.

 Al final, por matarlo, por impedir su Revelación, los muertos somos nosotros que nos vemos privados de Él, de El Que Es La Vida Eterna.

 Esto no lo vemos, no lo comprendemos ni lo queremos entender, debido a que continuamos moviéndonos sobre la faz de la tierra, diciendo que por ello vivimos, pero eso es solo una existencia material, terrena, humana, carente de Espíritu y totalmente alejada de los caminos de Dios, separada de la Vida Eterna que podemos tener ya desde ahora si comulgamos espiritualmente con El Señor.

 Debemos cambiar las realidades espirituales en el sentido de que debemos dejar de rendirnos culto, dejar de ser rebeldes que solo  siempre se preocupan por sí mismos no amando a Dios en realidad, sino solo en apariencias, hipócritamente, de la boca hacia fuera.

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