martes, 14 de enero de 2014

SIN AMOR A DIOS



SIN AMOR A DIOS

 No le damos libertad a Dios, entonces, no tenemos a Dios, simplemente porque ahogamos, apagamos, impedimos Su Revelación, no lo dejamos que nos Ame, que nos de Vida, que nos Bendiga con Su Divina Presencia.

 Le pedimos o esperamos muchas cosas de Él, pero no hacemos lo necesario para recibirlo, tenerlo, para que nos Bendiga con Su Espíritu, entonces, por mas que digamos tener esperanza, es en vano esa espera.

 Nuestra espera es eterna, la volvemos indefinida, simplemente porque no aceptamos a Dios, no recibimos Su Revelación, entonces, sufrimos su ausencia, padecemos el vacío, la desolación.

 Por mas que digamos tener fe, esperar y enorgullecernos perseverando, la verdad es que esperamos lo que no va a suceder, simplemente porque no queremos que ocurra, y esto se debe a que no amamos a Dios en verdad, no colaboramos realmente con la vuelta del Señor.

 No colaboramos en la Vuelta del Señor porque estamos colaborando en la ausencia de Él, en apagar e impedir la Revelación, cosa que hacemos al dedicarnos a nosotros mismos, al orgullo, a la imagen-personalidad.

 Mientras sigamos dedicándonos al orgullo-amor propio, preocupándonos por nosotros mismos, vamos a continuar prescindiendo de Dios incluso aunque hablemos de Él todo el tiempo, y es así como vamos a quedar definitiva, irremediable e irreversiblemente sin Dios.

 Privados de Dios vamos a continuar padeciendo las consecuencias de su ausencia vamos a seguir degradándonos, pudriéndonos, corrompiéndonos y enterrándonos en el infierno, simplemente porque hacia ahí caemos por el propio peso.

 Las impurezas pesan, entonces, arrastran al alma hacia el fondo, hacia el abismo, las almas naufragan, zozobran y terminan por ahogarse en sí mismas, se sumergen en el olvido y la negación de Dios volviéndose viciosas y corruptas.

 Aunque digan amar a Dios no lo ven, no lo pueden ver, porque están hundidas, enterradas, sumergidas y perdidas en sí mismas, el mismo peso de sus impurezas les impide levantar la cabeza, mirar a Dios, caminar en Su Presencia.

Leer:







1.2. LA RESURRECCIÓN DE LAS ALMAS:

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