domingo, 12 de enero de 2014

SUICIDIO ESPIRITUAL



SUICIDIO ESPIRITUAL

 El objetivo, el interés del adversario es lograr que las almas apaguen o impidan la Revelación de Dios. A Dios directamente no lo puede tocar, atacar, mucho menos controlar, y nunca Dios le va a obedecer, entonces, controla a las almas para que éstas controlen a Dios.

 Seduce, engaña, manipula, etc., a las almas para disponer de ellas, para hacerlas hacer o no hacer a su gusto y comodidad, y de esta manera, controlar a Dios.

 Busca que las almas apaguen, impidan, combatan y persigan la Revelación de Dios, cosa que sería entendible en el mundo que no creen en Dios, le temen y quieren controlarlo, pero que es inconcebible y mas que condenable en las religiones que dicen amar a Dios, y hasta servirlo.

 Si Dios no puede Revelarse, es un dios muerto, entonces, no es Dios a quien estamos mirando.

 Considerar que compartimos el pecado de esta generación incrédula y perversa, el mismo pecado de las religiones, impedimos a Dios Ser, Vivir, Hacer, Decidir, Decir, Revelarse.

 Es de esta forma que estamos matando a Dios, no viendo que al matar a Dios, nos quedamos sin Dios, entonces, los muertos somos nosotros que nos privamos del Dios de la Vida.

 Con nuestros límites, vicios, defectos, etc., impedimos la Revelación de Dios, también cuando queremos que se manifieste en determinado sentido. Impedimos la Revelación de Dios porque no queremos obedecerlo, porque andamos perdiendo el tiempo al buscar que Él nos obedezca a nosotros.

 Tenemos que salir de ese pozo-abismo-sepulcro, es decir, tenemos que dejar de oponernos a Dios, porque nos estamos privando de Él, y lo que hacemos en realidad no es matarlo, sino matar Su Vida-Presencia, impedir Que Viva en nosotros, llegando entonces a ser muertos en vida que se incapacitan a sí mismos para amar a Dios.

 Si continuamos con caprichos, ambiciones y rebeldías, continuamos haciendo esfuerzos inútiles por autodestruirnos, estamos matándonos, suicidándonos espiritualmente, porque nos privamos de Vida Eterna, de Dios mismo.

 Lo que debemos hacer es simple, es aceptar a Dios, buscar Su Revelación, porque ahí es donde Él pasa a vivir en nosotros, puede hallarse Presente, pero si no hay un esfuerzo por buscarlo y un sacrificio por seguirlo, no lo tenemos ni lo tendremos.

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