domingo, 15 de junio de 2014

GRAN AVISO, ÉL ES NUESTRA AUTORIDAD



GRAN AVISO, ÉL ES NUESTRA AUTORIDAD

 Todavía las almas no han comprendido la Revelación, se han apegado a falsas interpretaciones que las confunden o las desvían del Camino enterrándolas en tinieblas y sometiéndolas a estados de esclavitud infernal.

 Como no buscan la Verdad, son engañadas por el adversario, satanás, inventor y maestro de la mentira, enemigo de la salvación de la humanidad, puede hacerles creer cualquier cosa.

 El Señor Viene como piedra de escándalo, de tropiezo, para desestabilizar nuestra alineación, ese pretendido mundo perfecto y controlado que llamamos ‘vida’, y no es otra cosa mas que la habitualidad de la muerte.

 Queremos creer que tenemos el control de nuestra vida incluso deseamos creer y hacer creer que esa existencia miserable, orgullosa y apegada a vicios es una vida, cuando la realidad es que se trata de un estado de muerte.

 Ahí es donde El Señor interviene, golpea ese mundo falso y controlado que tratamos de ver-creer como una vida feliz. No puede sino chocar contra nuestro orgullo delirante, esa fantasía infernal en la que nos hemos abismado y que nos esforzamos por creer y hacer creer.

 No viene a felicitarnos, adorarnos, postrarse a nuestros pies, someterse a caprichos o conformarnos en ambiciones, viene como Salvador, por ello es que no miente, no engaña, no adula, no nos dice lo que queremos escuchar, al contrario, nos dice lo que no queremos escuchar.

 Lo hace para Salvarnos del engaño, para no caer en el error, no para criticar o cuestionar, es un Médico Divino que Viene a Salvar, no a condenar, nosotros estamos atados a la condena-perdición, la cultivamos y defendemos.

 No queremos soltar el buque que se hunde, no queremos salir de lo que se precipita definitivamente al infierno, ciegos, orgullosos, cómodos y desamorados, nos dejamos arrastrar al fondo del abismo.

 Es hora de abrir los ojos antes de que, por estar apegados a lo que se pierde, terminemos siendo arrastrados a la perdición. Esto significa que solo a Dios se debe adorar, no a personas, no a políticos, no a religiosos, es la hora de la responsabilidad personal, de aprender a recibir al Señor, Jesús, El Hijo de Dios, como nuestra Verdadera Autoridad.

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