sábado, 21 de junio de 2014

LA FUNCIÓN DE LA IGLESIA



LA FUNCIÓN DE LA IGLESIA

 Al no hacer un esfuerzo real por amar a Dios, buscarlo, seguirlo, servirlo, las almas se van desviando, terminan hundiéndose en sí mismas y acaban por ser manipuladas por el adversario.

 Al no librar el combate espiritual contra los enemigos espirituales, las almas quedan a merced de sus engaños, embustes y manipulaciones. Peor aun es la situación cuando las almas son orgullosas y se emperran infernalmente en convencerse y convencer de que son perfectas.

 Esto ha ocurrido dentro de la iglesia. La iglesia debería ser el alcázar del Señor, Él debía tener acá su plaza fuerte contra satanás y los enemigos espirituales, pero la iglesia se ha vuelto una prostituta apegada al mundo y consagrada a las tinieblas.

 El combatir a satanás no es por el mero hecho de pelear, a nadie le gusta estar en guerra, es consecuencia de obedecer a Dios y seguirlo, como dijo el Santo de Job, “Milicia es la vida del hombre sobre la faz de la tierra”.

 Recordar que El Señor dijo que el Reino de Dios se conquista y que solo los esforzados entran en Él. También considerar que en el antiguo testamento que es figura del nuevo, dijo Dios a Josué que debían conquistar la tierra y que él les daría todos los lugares donde pusiesen los pies, o sea, que tenían que moverse, no les iba a llover la tierra que querían como el maná que no merecían.

 El combate contra los enemigos espirituales ocurre para poder acceder a la propia salvación, porque satanás y los suyos nos quieren esclavos, sumisos y entregándole la vida para que ellos la consuman  se alivien de sus tormentos en el infierno.

 También el combate contra los enemigos espirituales es para la salvación de otras almas. Esta es la misión de la iglesia, colaborar con El Señor en la salvación de las almas.

 La función social de la iglesia es secundaria, el cuento de estos tiempos de evangelización prioritaria a los pobres y de luchar contra la corrupción y los corruptos es el veneno de la teología de la liberación marxista de los años ’60-70.

 Ahí es donde satanás logra que dejemos de combatir contra él, que dejemos de salvar almas y nos dediquemos a lo que es secundario.

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