sábado, 30 de agosto de 2014

ANTICRISTO Meditaciones sobre su ser y hacer



ANTICRISTO
Meditaciones sobre su ser y hacer

CONSTA DE SIETE CAPÍTULOS:

Capítulo I: ANTICRISTO, MERECÍAN CAER EN SUS REDES

Capítulo II: ESTÁN TERMINANDO DE PAGAR SU MEZQUINDAD

Capítulo III: REDUCIDOS A POLVO Y CENIZAS

Capítulo IV: ANTICRISTO, ESCLAVO DE SU DESEO DE SER ACEPTADO

Capítulo V: SE CONVIERTEN EN ANTICRISTOS

Capítulo VI: ANTICRISTO, REY Y ESCLAVO DE LA MENTIRA

Capítulo VII: ANTICRISTO ABANDONA A LOS QUE USA

Capítulo I: ANTICRISTO, MERECÍAN CAER EN SUS REDES

 Se alza desesperado el anticristo fingiéndose salvador, buscando donde meterse, aparentando que se interesa por el bien de otros, mintiendo, engañando, no haciendo mas que levantar una pantalla, imagen, máscara de caridad y bondad para satisfacer su ego.

 Siempre su interés fue satisfacer su ego, saciarse a sí mismo, alimentar y sostener su delirio de orgullo.

 Quienes se dejaron seducir no quisieron entenderlo, no quisieron verlo, le entregaron la vida, el cerdo infernal se alimentó y vivió de ellos, ahora están en ruinas, exprimidos, oprimidos, estropeados de manera irrecuperable.

 No quisieron abrir los ojos, no quisieron entender, ahora comprenderán cuando vean que son descartados, abandonados, traicionados por su ídolo, por ese farsante, el maldito anticristo, el desolador, el impostor.

 En su infantilismo, orgullo, egolatría, quisieron creer que ese farsante era su dios, desearon verlo como a un salvador, solo porque los adulaba, les mentía, les decía lo que deseaban escuchar, y los dejaba continuar en su comodidad, indiferencia.

 No quisieron creer en Dios, no quisieron confiar en Él, y por ello tuvo lugar para meterse en medio el farsante, impostor, anticristo, desolador. Éste se aprovechó de su comodidad, mezquindad, mediocridad, desamor, orgullo, ego

 Ahora comprueban amargamente que fueron defraudados, engañados, ven en las ruinas que quedaron, entienden que su ídolo los usó porque ven la traición y padecen el abandono.

 Ahora padecen la traición y abren los ojos, ahora sufren porque no quisieron esforzarse por ver la verdad y por corregirse, no quisieron encaminarse, no quisieron amar, entonces, pagaron con su vida, quedando en ruinas, su mezquindad.

 Decían tener fe, confiar en Dios, servirlo, pero no lo amaron, no lo eligieron, rechazaron la Verdad, renegaron de Él, pensaron en sí mismos y por ello cayeron en las redes de otro peor que los engañó y los despojó de todo, les arruinó la vida.

Capítulo II: ESTÁN TERMINANDO DE PAGAR SU MEZQUINDAD

 No quisieron escuchar, entender, ver, comprender, no quisieron abrir los ojos a la verdad ni aun siendo golpeados incesantemente por la realidad.

 Desearon ser engañados, quisieron dejarse seducir por el adversario, por su farsante, anticristo, el seductor infernal, la misma serpiente.

 Con tal de no confiar en Dios, de no amarlo, de no sarsi de sí mismos, buscaron a cualquiera que les dijera lo que deseaban escuchar, que les permitiera quedarse asentados en su comodidad.

 Buscar la verdad requiere un esfuerzo, aceptarla requiere un sacrificio y estas son dos cosas que las almas no quieren hacer, esfuerzo y sacrificio, por ello se van con el farsante, impostor, seductor, anticristo, desolador.

 El impostor les dice que son reyes, dioses, que no deben adorar ni hacer caso, al contrario, que tienen que adorarse y hacer cuanto se les ocurra, y luego, exigir ser adorados y buscar que les hagan caso.

 Ante Dios que les decía la verdad y el seductor que les decía lo que deseaban escuchar, prefirieron, eligieron, quisieron al mentiroso, al seductor, anticristo, desolador.

 Lo eligieron, prefirieron y se pusieron a su disposición porque eran igualmente mentirosos, ególatras, cómodos, desamorados, e igualmente estaban desesperados por ser adorados.

 La cuestión es que el anticristo, desolador, farsante, impostor, seductor, les dijo que no debían hacer esfuerzo alguno, les hizo creer que eran dioses y reyes, pero mientras tales mentiras sostenía, los arruinó, exprimió y redujo a la esclavitud.

 Lo merecieron por orgullosos idiotas, por ambiciosos egoístas, mezquinos miserables, no amaron, quisieron ser adorados, ahora, tienen el pago de su mezquindad, lo que merecieron, eligieron, sembraron.

 Mientras el anticristo les hacía creer que eran dioses y reyes, los exprimía, reprimía, les succionaba vida, les quitaba vitalidad como el maldito zángano que es, por ello es que están ahora en ruinas, no pueden mas y no conocen otra cosa mas que miseria, esclavitud y desgracias.

 Ahora se quejan y lamentan, pero la verdad es que están terminando de pagar su mezquindad, terminan de cosechar la desgracia que sembraron al renegar de Dios y dedicarse a satisfacer el ego, saciar vicios, conformar caprichos.

Capítulo III: REDUCIDOS A POLVO Y CENIZAS

 No quisieron amar a Dios, no vencieron el miedo, no tuvieron Fe Verdadera, entonces, pudo seducirlos, engañarlos y arrastrarlos el anticristo, impostor, seductor, farsante, desolador.

 Ahora padeciendo humillaciones horribles, sufriendo desprecios inimaginables, comprenden que fueron engañados, entienden que fueron defraudados, usados, ven la verdad que se negaron a ver, entender, comprender, aceptar antes.

 Con la crudeza de lo grotesco e infernal terminan de ver, entender y comprender lo que no quisieron creer. Son de esos que dicen que tienen que ver para creer, ahora ven, si hubiesen creído antes de ver, hoy serían libres.

 Dicen que tienen que ver para creer porque no quieren creer, buscan excusas para continuar encerrados en sí, enterrados en tinieblas, dedicados a la egolatría narcisista infernal, quieren seguir satisfaciendo vicios.

 Empeñados en depravarse, corromperse, se negaron a ver, ahora ya no pueden cerrar mas los ojos, la verdad es groseramente evidente porque se ha vuelto exageradamente palpable, grotesca, descomunal.

 La podredumbre y corrupción se han extendido tanto que ya no es posible seguir negándose a verla, no es posible seguir cerrando los ojos, entonces, quienes no quisieron ver, entender, comprender, ahora están en ruinas frente a frente con sus despojos.

 Llegar a creer, confiar verdaderamente en Dios implica un sacrificio real, una verdadera negación de sí, hay que buscar la Voluntad de Dos, discernirla y luego obedecerla.

 Eso no lo quieren hacer las almas, se niegan rotundamente, entonces, aparece el desolador, el farsante, el anticristo, el impostor, un gran mentiroso mucho mas ególatra que esas almas cómodas.

 Éste les dice las mentiras que desean escuchar y adula, lisonjea, seduce, encanta, atrae a su abismo, encierra en su delirio y pasa a servirse de las almas que le creen y lo siguen.

 Ahí acaban por arruinarse, si ya iban por mal camino, seducidas, engañadas y manipuladas por el seductor, terminan de consumirse en deseos ardientes de adoración y acaban por ser consumidas por ese impostor que vive como zángano de ellas, y es así como la salmas quedan reducidas a polvo y cenizas.

Capítulo IV: ANTICRISTO, ESCLAVO DE SU DESEO DE SER ACEPTADO

 Siempre el anticristo se dedica a sí mismo, es lo que hizo y hará, es su esencia, es sumo egoísmo, por ello es que jamás va a ser verdaderamente de provecho para nadie porque en sí es una desgracia.

 Finge ser de utilidad, provecho, para bien, habla seductora y encantadoramente, vende una imagen, porque su obsesión es ser aceptado, tomado en cuenta, no despreciado.

 Seduce, encanta, miente, es un farsante, dice y finge interesarse por otros, su bien, etc., pero es un charlatán, verdadero chanta, todo es de palabras, es un maldito cerdo impostor, un delirante.

 Es de la peor clase de delirantes porque esta plenamente convencido de sus delirios, cree las mentiras que dice. Es reducido de vista porque ve lo que quiere ver y eso dice que es realidad, verdad y obra en consecuencia.

 Sentimentalista, vanidoso, superficial, finge interés, demasiado sensible, al punto de llegar a ser histérico insoportable. Es pegajoso, pesado, insistente, y esto es porque no acepta ser despreciado.

 Quiere siempre ganar, imponerse y prevalecer. No acepta el desprecio, no lo soporta, la sola idea de ser despreciado lo obsesiona, enloquece, desespera, lo arrastra a la histeria infernal.

 Desesperado e histérico temiendo ser despreciado, hace lo mas bajo y servil para ser aceptado, es como satanás, ‘te daré lo que quiera con tal de que me adores’.

 Así pone en evidencia ese inmundo infeliz que no ha amado ni ama, no lo interesa, que solo se preocupa por satisfacer su ego, saciar su orgullo, ni siquiera busca verdaderamente su bien.

 Es esclavo de ese ego infernal siempre creciente. Se hunde en su propio abismo, ahí conoce las tinieblas, la oscuridad, el vacío de su abominable desolación, entonces, se angustia, desespera, se convierte en histérico.

 Ahí teme el desprecio y se vuelve su obsesión, entonces, se dedica con desesperación e histeria a buscar adoración, aceptación, ser tomado en cuenta, no despreciado.

 Siempre fue su única y exclusiva preocupación, pero no ha querido ver que en realidad, se preocupó por su abismo, ego, eso que ha crecido dentro suyo y que no es él sino la ausencia de Dios, algo que se mueve independiente y lo usa.

Capítulo V: SE CONVIERTEN EN ANTICRISTOS

 Como no amó a Dios el impostor que se alza en su lugar demandando adoración, es esclavo de la podredumbre que tiene adentro, de aquello que en él creció, de lo que llegó a getarse al idolatrarse el ególatra.

 Dios da la posibilidad a las almas para que se corrijan, ordenen, readquieran el control de su vida, salgan del engaño, error, pero si no quieren hacerlo, no las obliga, somete ni doblega.

 Cada cual se estropea y arruina la vida como se le antoja, ocurre, desea. Dios da la posibilidad de salir del camino de perdición, pero no obliga ni llega a imponer, respeta la estulticia humana disfrazada de libertad y devenida en libertinaje.

 Así es como las almas se hunden en sí mismas, se consumen en deseos de adoración, se engañan dándose una imagen que luego adoran y para la cual exigen adoración.

 De esta manera cada cual llega a ser un anticristo porque cree que se salva a sí mismo. El engaño esta en que entienden como condena o perdición no ser adorados, por lo que entienden por salvación ser aceptados, adorados, tomados en cuenta.

 Se dedican a eso, eso los desespera, y es ahí donde pretenden salvarse del desprecio, de ser ignorados, rechazados. Como se dedican a eso se sumergen en sí mismos, se apartan de Dios y terminan renegando de Él convirtiendo su vida en un horrendo sepulcro.

 Creen que se salvan al hacerse adorar, se vuelven vanidosos, ególatras enfermizos, narcisistas recalcitrantes, solo piensan en su demente y supuesta perfección, pero lo que pulen, a lo que le sacan brillo es a la imagen infernalmente falsa que construyen para adorarse y hacerse adorar.

 Esa imagen la creen su salvación, se creen que se salvan a sí, pero es una montaña de mentiras, es la expresión de un autoengaño y es donde están negando a Dios, desafiando, es ahí donde lo rechazan y se alzan para reclamar adoración en su lugar.

 Creen que por esa imagen que no es mas que un cúmulo de mentiras, un verdadero delirio, están salvados, y eso es ser ya su propio anticristo. Después, para colmo de males, buscan seguidores, adoradores, aduladores, quienes vean y crean esos delirios, adoren esa imagen falsa de sí que construyen, siendo ese el lugar donde se convierten en anticristos para otros.

 La verdadera perdición es apartarse de Dios, hundirse en sí, reducirse a tinieblas, exponerse a los enemigos espirituales y acabar por convertirse en polvo y cenizas que se decantan al infierno.

 La verdadera salvación consiste en renunciar a si, dejar de adorarse y de hacerse adorar, obedecer a Dios y seguirlo.

Capítulo VI: ANTICRISTO, REY Y ESCLAVO DE LA MENTIRA

 Siendo el anticristo un farsante, un impostor, un seductor, un verdadero chanta, es un inútil, un verdadero incapaz que quiere disimular esta realidad y esconderla con sus palabras y con su imagen-apariencia.

 Quiere engañarse a él mismo, disimular la verdad, negarla, ocultarla, hacer de cuenta que no existe, y si se la recuerdan, dice que es mentira odiando a quien se la pone en evidencia.

 Desea continuar encerrado, evadido, en su fantasía, enterrado en su delirio, sumergido en su abismo de egolatría narcisista infernal. Es un mezquino miserable recalcitrante, da asco por lo abominable de su podredumbre siempre creciente porque no deja de esforzarse por corromperse.

 El problema es que no quiere ver ni aceptar que es un verdadero inútil, defiende su orgullo, de ahí es que se evada en la fantasía en la que se dice las mentiras que desea escuchar.

 Acalla la voz de la Verdad y se dice las mentiras que gusta, come el dulce de la seducción, se vuelve ególatra, narcisista, adora su imagen, lo que dice y finge ser. No quiere ser sacado de su fantasía, de la irrealidad, se obsesiona con ver y hacer ver la mentira.

 Es un mentiroso atrapado en su mentira, es esclavo de ella, la defiende y quiere hacerla ver y creer por otros, la impone con seducción o por fuerza, pero desea desterrar la verdad desesperadamente.

 No la ha elegido ni la quiere elegir, la aborrece, le teme, tiene miedo de perder el control, el poder, pero en realidad no lo tuvo ni lo tiene quien reina en él es la mentira y ante ella se inclina, doblega.

 Esto se debe a que su reino le pertenece a ella que se lo ha inventado, entonces, ella misma lo usa, lo esclaviza y le hace hacer lo que se le antoja.

 Lo que se le antoja a la mentira es extender su reino, perpetuarlo, hacerlo crecer. El idota ególatra temeroso por sí mismo la adora porque cree que ella lo adora, no ve que es un infeliz que solo vive para consumirse satisfaciendo sus caprichos, delirios, lo que la reina le pide.

 Lo que sucede con el anticristo no es diferente a lo que sucede con las almas orgullosas, ególatras, narcisistas, con las almas acostumbradas a la mentira, habituadas a la fantasía que quieren creer que son dueñas de sí mismas cuando la realidad es que son esclavas de ese delirio.

Capítulo VII: ANTICRISTO ABANDONA A LOS QUE USA

 No tiene orden interno el anticristo, no es mas que un abismo formado por múltiples abismos, está encadenado, atado, ligado, es sometido, por ello no es dueño de él mismo.

 Quiere creer que sí y finge que lo es, pero en realidad solo hace lo que su reina, la muerte eterna-tinieblas-mentira, le hace hacer, porque ella lo usa como títere o inútil marioneta para extender su reinado en el mundo y en las almas.

 Como es un infeliz que se cree rey mientras que su reina lo domina, usa y hace hacer o no hacer, corre de un lado a otro sin rumbo, errático, va tras lo que considerar importante, o sea, aquello que le puede procurar adoración.

 Así es como primero engaña, usa y luego descarta un grupo de almas para saltar a seducir, engañar y usar a otro grupo de almas.

 No le importa abandonar, dejar, traicionar, tirar o descartar a las almas, porque siempre ha pensado en el mismo y porque siempre obra manipulado por su reina-dueña.

 Las almas que le creyeron quedan desamparadas, desconcertadas, beben el ajenjo de la traición, se encuentran con el abismo de miedo porque ven que su farsante ídolo las abandonó, las dejó a merced de todos sus enemigos.

 Ahora comprenden la realidad, conocen la amargura de los ídolos, pero están en ruinas, tienen miedo y se encuentran desconcertadas, perdidas, arruinas. Acá es donde Dios no las desampara, les inspira volver como al hijo pródigo.

 Les inspira confiar y abrirse a Él, entonces, les envía al Salvador y pronto reordena su vida y las reencamina. No abandona a esas almas que se dejaron seducir, engañar, débiles, viciosas, cobardes o sin fe, no importa, lo pasado está atrás, son asistidas, socorridas por Dios y reencaminadas por El Señor.

 Algunas cosas se pueden recomponer, otras son irrecuperables, pero Dios da también a las almas que no padecen estas consecuencias su solución, no deja de intervenir en la vida de ninguno que desee volver a Él.

 Algunas cosas son imposibles de recuperar, así como de modificar según el caso, pero Dios no deja a nadie sin darle lo mejor luego de la purificación.






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