jueves, 14 de agosto de 2014

TRES FURIAS



TRES FURIAS

 Arde en el alma vacía y desolada un infernal deseo de adoración que la consume y hace padecer. Ese deseo si no es purgado, eliminado, exterminado, termina por controlar al alma y enloquecerla.

 La arrastra a buscar con desesperación, ansiedad y angustia adoración, o sea, satisfacción. Al reclamar adoración, crece ese deseo porque se lo alimenta, conforma, se lo deja dominar, prevalecer y determinar la conducta

 El alma no lo nota, no lo sabe, no lo entiende y ni siquiera le interesa aprender, así como, mucho menos le importa corregirse. No advierte lo que sucede, solo siente la ansiedad, la desesperación y la angustia, lo que en ella arde empujándola a buscar satisfacer ese deseo de adoración.

 Ansiedad, desesperación y angustia son tres furias infernales que envuelven, rodean a las almas girando en derredor de ellas y entrelazándose como trenza. Quedan envueltas, retorcidas y atormentadas por eso que gira en derredor y las va ahorcando, con el correr del tiempo crecen esos sentimientos, son incorporados.

 Son como pirañas, devoran, consumen, destrozan, pero al ir haciendo esto se van adhiriendo e incorporando al alma para convertirla en esos mismos sentimientos.

 Como han salido del abismo, a este tienden, vuelven al infierno, pero llevando arrebatada al alma, convertida en eso, destrozada por haber realizado su paso por el mundo dedicándose a satisfacerlos.

 No puede liberarse el alma por sí misma, es necesario un salvador, y este es el problema, no quieren creer en Dios, no desean hacer un esfuerzo para confiar verdaderamente en El Señor.

 Estas tres furias parecen fortaleza, fingen defender a la persona, pero son un cerco en realidad porque a la vez que van entando con la excusa de defensa o protección, van adueñándose, consumiendo, viviendo como zánganos adheridos al alma, succionándoles vitalidad como sanguijuelas.

 El problema es que no quieren creer en dios ni confiar en El Señor, entonces, no pueden ser defendidos, asistidos, protegidos, adoran a quienes los destrozan, consumen, devoran y postran en el abismo entregándolos o consagrándolos a la muerte eterna.

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