domingo, 14 de diciembre de 2014

VEN ESPÍRITU CREADOR (VENI CREATOR ESPÍRITU), EXPLICACIÓN



VEN ESPÍRITU CREADOR (VENI CREATOR ESPÍRITU), EXPLICACIÓN


Ven Espíritu Creador las mentes de los tuyos a visitar, infunde suprema Gracia en los corazones que Tú Creaste.

Tú, el llamado “Paráclito”, Altísimo Don de Dios, Fuente Viva, Fuego, Caridad y Espiritual Unción.

Tú el de los Siete Dones, Dígito de la Diestra Paterna, Tú Promesa Solemne del Padre, enriquécenos con tu Palabra de Verdad.

Enciende una Luz en nuestros sentidos, infunde Amor en los corazones, Fortalécenos en nuestra debilidad con tu Virtud Permanente.

Al enemigo hazlo retroceder ahora, danos pronto la Paz, para que bajo tu doctoral guía, evitemos todo mal.

Que pertenezcamos al Padre, Que conozcamos al Hijo, y a ti Espíritu de ambos, creamos en todo tiempo.

Que a Dios Padre sea la Gloria, y al Hijo que de entre los muertos Resucitó, y a Ti paráclito, por los siglos de los siglos, amen.


Capítulo I: EMPEZAR A BUSCAR AL ESPÍRITU SANTO (I)

Ven Espíritu Creador las mentes de los tuyos a visitar, infunde suprema Gracia en los corazones que Tú Creaste.

Hemos perdido, olvidado, despreciado, arrinconado y hasta deformado la devoción al Espíritu Santo, no hemos comprendido lo mas básico y evidente el orden determinado por Dios en todo.

 Primero Se Ha Revelado Dios Padre realizando la Crecían por medio Su Palabra y Espíritu.

 Después Se Reveló El Hijo realizando la Salvación Revelando el Verdadero rostro del Padre por medio del Espíritu.

 Ahora Se Revela El Espíritu realizando la Santificación de las almas trayendo al Hijo, y por éste al Padre.

 Ese orden en la creación es el mismo para la vida de cada uno, primero Dios Padre nos ha credo por medio del Hijo y del Espíritu.

 Después Viene El Hijo a salvarnos, a rescatarnos, a sacarnos de nosotros mismos, del abismo de egolatría narcisista infernal.

 A medida que vamos siguiendo al Hijo, nos va preparando para recibir el Don del Espíritu, la Esencia misma de Dios.

 Esta es la razón por la que debemos colaborar en la diaria y constante Vuelta del Señor, porque Él vuelve en forma personal, en la vida de cada uno, en la oración, en un encuentro privado, Revelación privada.

 Viene también en los acontecimientos, derrumbando el orgullo, permitiendo un tropiezo, pero ahí es necesario orar para poder encontrarlo y convertir la desgracia en gracia.

 El Señor, Jesús, administra la Vida-Esencia de Dios, nos la da-dona y eso lo llamamos “Gracia”.

 Esta Gracia-Don de Dios, que es Dios mismo, Su Esencia-Espíritu, nos la administra El Hijo, El Señor, El Salvador, como remedio, como medio de purificación y para lograr la salvación.

 Él lo hace todo por medio de esta Vida Divina, Espíritu Santo, Esencia de Dios, pero debemos buscarlo en la oración, encontrar este tesoro de Su Revelación, abrirnos, permitirle El Paso para Que Haga Su Paso Libertador en nuestra vida.

 El Espíritu Es la Esencia misma de Dios y Es El Que Tiene la Aptitud de Crear, la capacidad Creadora. Cuando le pedimos Que Venga nuestra mente a visitar le estamos pidiendo que venga a obrar, a asentarse, a reposar, a establecer su orden como en el principio de la creación cuando aleteaba sobre las aguas.

 Cuando le pedimos que infunda su Gracia en nuestros corazones creados por Él mismo, le estamos pidiendo que nos de su misma Vida, el alimento del que nos nutrimos, el que nos fortalece, sostiene, hace crecer, madurar, evolucionar.

 Buscamos El Espíritu porque buscamos la consumación como criaturas, porque queremos llegar a ser hijos de Dios, porque queremos aprovechar el tiempo en el que nos hallamos de paso por el mundo para colaborar en la obra de Dios.

 Él nos hizo, Él nos creó, y nos dotó con la capacidad de elegirlo o rechazarlo, para que podamos salir de nosotros mismos y colaborar con la consumación de sus obras.

 Esto no es externo, no es en el mundo, es interior, estamos a medio hacer, no puede consumarnos sin colaboración de nuestra parte, para esto es que nos hallamos de paso por el mundo.

 Con nuestro diario y constante consentimiento nos consuma, perfecciona, porque lo recibimos y nos vamos uniendo-fundiendo para alcanzar imagen y semejanza de Dios, o sea, somos hijos suyos como Jesús, con una doble naturaleza, humana y divina.

 Adquirimos la naturaleza divina por herencia cuando recibimos la Vida de Dios, Su esencia, El Espíritu Santo. Esto significa que somos hijos de Dios, no dioses, ojo con la diferencia que es delirio orgulloso-satánico.

Capítulo II: EMPEZAR A BUSCAR AL ESPÍRITU SANTO (II)

Tú, el llamado “Paráclito”, Altísimo Don de Dios, Fuente Viva, Fuego, Caridad y Espiritual Unción.

 Llamamos al Espíritu Santo “Paráclito”, porque es el modo en el que El Padre se halla Presente, es la misma Presencia de Dios con nosotros.

 Mientras no buscamos este Don de la Presencia Viva y Real de Dios con nosotros, permanecemos encerrados en tinieblas, hundidos en el vacío-abismo de nuestra miseria, nos encontramos en la ausencia de Dios que es el mismo infierno.

 Dios no va a forzarnos a recibirlo, Él nos ha creado para que podamos elegir en el mundo si queremos tenerlo o no, si queremos ser recipientes llenos o vacíos. Estamos creados con la aptitud de recibirlo, con la capacidad de portarlo.

 Si no lo buscamos y no lo recibimos, estamos vacíos, pero vacíos de Dios ya que en ese vacío se junta mugre, inmundicia, suciedad, se llena de vicios, corrupciones, bichos, es una guarida de demonios.

 El alma sin Dios, vacía de Él, se llena de inmundicias, se convierte en una vida sin Vida, una vida de muerte, una mera existencia terrenal condenada a auto-consumirse ya autodestruirse.

 Dios Es la Vida, si el alma no recibe a Dios, no tiene Vida, solo tiene una existencia limitada, se auto-consume, se corrompe, se pudre y termina extinguiéndose, se muere.

 Sin Dios se transforma a sí misma el alma a imagen y semejanza de los demonios, a la vez que se entrega y expone a éstas que también la devoran-consumen y que aceleran el proceso de descomposición y corrupción como sucede con los cadáveres y los bichos que los devoran por dentro y por fuera.

 Encerrados-hundidos en nosotros mismos, nos encontramos perdidos en el abismo del ego mintiéndonos, engañándonos, sufriendo el tormento de los enemigos infernales y padeciendo la ausencia de Dios.

 Ahí es donde la propia vida sin Dios se vuelve una existencia infernal en la que el alma se autodestruye transformándose a imagen y semejanza de los demonios y es ahí donde terminamos por condenarnos, por perdernos para siempre.

 Lo que debemos hacer es dejar de ser estúpidos delirantes de orgullo, renunciar a la mentira y a los demonios, a todo lo que es nefasto e infernal y comenzar a buscar a Dios, discernir Su Palabra, aceptarla, recibirla, dejarnos corregir por Él.

 Cuando esto hacemos, comienza a venir-volver-pasar y ahí es donde nos limpia, purifica, corrige, donde nos va resucitando, transfigurando, transubstanciando, nos va sacando del sepulcro, de la muerte, del infierno de la egolatría narcisista infernal.

 Si no buscamos su Revelación, permanecemos a oscuras y en esas tinieblas propias, con mas las que nos rodean, terminamos atemorizados dedicados a huir de lo que no vemos ni comprendemos, de manera que somos conducidos a tinieblas mas profundas, abismos mas denigrantes de egolatría narcisista infernal.

 Esto significa que nos volvemos ególatras solo pensamos en nosotros mismos y no hacemos otra cosa mas que obsesionarnos desesperarnos, convertirnos en histéricos infernales que se dedican a imponerse, prevalecer, suponiendo que se defienden contra el miedo negándose a ver la realidad.

 La realidad es que no nos defendemos contra el miedo, lo estamos provocando, aumentando, generando, y al obrar de esta manera, le estamos respondiendo, nos dejamos dominar por éste.

 Nos defendemos contra el miedo venciéndolo, no dejándonos dominar, renunciando a nosotros mismos, buscando a Dios, Su Revelación, haciéndole caso, dejándonos Guiar por Él.

 Considerar que miedo-tinieblas-muerte eterna, son una misma cosa, es un espíritu de orgullo, de olvido-amnesia, de negación de Dios, eso es lo que debemos purgar y vencer para que no nos domine, somete y no termine determinando nuestras acciones.

 Cuando buscamos esa Revelación de Dios estamos buscando esa Fuente misma de Dios, su esencia, lo mas íntimo de su Ser de donde Brota Su Vida, impulso, de donde todo parte, el centro de Dios.

 Buscamos su unción es decir ese don suyo que obra en nuestro interior limpiándonos purificándonos, haciéndonos crecer, evolucionar, madurar, asemejándonos a Él para poder reunirnos con Él, para lograr fundirnos y ser Uno con Él.

Capítulo III: EMPEZAR A BUSCAR AL ESPÍRITU SANTO (III)

Tú el de los Siete Dones, Dígito de la Diestra Paterna, Tú Promesa Solemne del Padre, enriquécenos con tu Palabra de Verdad.

 Lo que Dios Es en sí mismo lo da a sus criaturas, se da a Él mismo porque el amor es entrega y Dios es Amor, se entrega por completo.

 Lógicamente no hay criatura capaz de recibirlo, solo María Virgen lo hizo. (Sobre esto leer las obras de Ágreda, Emmerich, Valtorta y Picarreta).

 Lo que hace Dios es darse en partes, porciones de su Espíritu a sus criaturas, de manera que al final de la historia, la humanidad lo ha recibido por completo, pero cada uno una porción.

 Todas las porciones personales recibidas juntas hacen el Don de Dios a la humanidad.

 Jesús Es Dios, Es Su Hijo, por ello es que por derecho propio recibió a Su Padre, a Dios Padre, por completo, pero quiso adquirirlo luego por medio del sacrificio abriendo de esta manera el camino por el que la humanidad lo recuperaría, accedería a Él.

 Se ganó por sacrificio lo que le correspondía por derecho propio por ser Hijo, lo obtuvo por Mérito. El Mérito fue Su Pasión y Muerte.

 Lo que la humanidad perdió en la rebeldía o pecado original, Él rescató al pagar la deuda, al absorber la rebeldía de todas las almas de todos los tiempos y con ese peso en su alma, obedecer al Padre hasta la Muerte, y Muerte en Cruz.

 El Señor con la carga de todas las rebeldías contra Dios a cuestas, no se rebeló, obedeció al Padre hasta la Muerte, de manera que pagó la deuda, obtuvo el rescate de todas las almas.

 Con este Santo Sacrificio de Sí mismo, de su propia Vida, lo que hizo fue rescatar, redimir, comprar a las almas, sacarlas de su camino a la perdición, de su sometimiento a la muerte eterna.

 Lo que hace como Señor y Salvador es ir al encuentro con cada alma y ofrecerle el Don de la Salvación, de este rescate-redención que Él logró al precio de su Vida.

 Esto lo hace en la vida diaria, personal, cotidiana, donde las personas deben sortear dificultades negándose a sí mismas, aprendiendo a morir a su orgullo, a renunciar a la voluntad propia.

 Ahí es donde administra el remedio y va pagando en cuotas el rescate, efectuando la redención, logrando la salvación, con la colaboración del alma que renuncia  así misma en lo puntual que Él le pide para liberarla, rescatarla, redimirla, salvarla, para hacerla vencer a la muerte, para purgarla, limpiarla, resucitarla, devolverla a la comunión con El Padre por medio de Él en Su Espíritu.

 Con su Santo Sacrificio logró abrir una ventana de tiempo, evitar el camino irremediable a la perdición que la humanidad había tomado desde su rebeldía inicial a la Voluntad del padre donde quedó ligada al adversario, serpiente antigua, satanás, el primer perdido.

 Esta ventana de tiempo significa que puede intervenir en el tiempo, en la vida de cada uno en forma intermitente, constante o como lo disponga, para ofrecerle al alma la posibilidad de abandonar la egolatría narcisista infernal y sacarla así de las tinieblas, del camino de la perdición.

 Si la persona acepta esta irrupción de Dios en su vida, Su Paso Libertador, si colabora en el Bien Verdadero y Eterno Que Dios Quiere Hacerle, va venciendo a los enemigos espirituales y va logrando salir de sí para entregarse al Padre y así volver a Él, para lograr la comunión que la devuelve a la vida, comunión de amor.

 Es comunión de amor porque el alma renuncia a sí misma, sale de sí y se entrega, y como el amor es entrega, ese amor la iguala a Dios que la recibe y puede entregársele fundiéndola con Él y otorgándole la Vida Eterna.

 Hablamos de Siete Dones porque todo lo Que Es Dios, se abre en Siete Dones a la humanidad, cada persona recibe una porción de cada uno de éstos, una porción perfecta de Dios.

 Es El Dígito de la Diestra Paterna en el sentido de que por medio suyo Dios todo lo hace, o sea, por su mismo Amor-Esencia.

 Es la Promesa Solemne del Padre porque es lo que El Padre mismo le prometió a la humanidad que daría luego de aplicarle el castigo en el pecado original, y es lo que prometió al Hijo que haría cuando en la oración del Huerto habló a solas con Él finalizado ese durísimo combate espiritual de tres horas.

 Nos enriquece con Su Palabra porque se expresa por medio de ella, porque es Creadora, puede hacernos de la nada y darnos Vida nueva, no son solo palabras, es Vida, es Espíritu.

Capítulo IV: EMPEZAR A BUSCAR AL ESPÍRITU SANTO (IV)

Enciende una Luz en nuestros sentidos, infunde Amor en los corazones, Fortalécenos en nuestra debilidad con tu Virtud Permanente.

 Como esta escrito en el Apocalipsis, El Señor abre una puerta delante de nosotros, esta puerta es la Revelación, la intervención, su Paso o Venida.

 Esto es una herida, no es nada mágico o misterioso, es algo doloroso, humillante, un verdadero tormento, una dificultad.

 Es lo que aniquila el orgullo, nos destruye esos delirios, fantasías y evasiones donde solemos escondernos de la realidad.

 La realidad es simple, Él Es Dios, no nosotros ni otros. Mientras negamos esta simple, básica y esencial Verdad, estamos evadidos de la realidad, encerrados y perdidos en un delirio perdidos en una fantasía infernal.

 Si no vivimos conforme a la Verdad, nos hallamos evadidos en una fantasía en al que somos esclavos de la mentira, y como la mentira es la palabra-espíritu-presencia-don de satanás, somos esclavos suyos.

 Comprender la importancia y necesidad de buscar la Verdad, la Revelación de Dios, la Palabra del Señor, o al Señor mismo por medio de su Revelación permanente, perpetua, constante.

 Él no deja nunca de darse, no deja de enviar al Hijo con el Don del Espíritu, somos nosotros los que nos hundimos-encerramos y no lo vemos ni lo escuchamos.

 Nos hundimos en el abismo de egolatría nos encerramos en caprichos, nos dedicamos a satisfacer vicios y ambiciones, de manera que terminamos perdiéndonos en tinieblas.

 Eso lo potencian los demonios avivando miedos, preocupaciones, etc., porque de esta manera logran que corramos a perdernos y hagamos lo que ellos quieren.

 Lo que hace El Señor es poner una piedra de tropiezo, permitir una dificultad, o simplemente dejar que choquemos contra la realidad o que conozcamos nuestras limitaciones.

 En todas esas opciones el orgullo es derrotado, limitado, humillado, destrozado, aniquilado. Ahí esta dándonos la oportunidad para que renunciemos a ese orgullo, para que dejemos de mentirnos-engañarnos y para que busquemos la Verdad, Su Revelación, esa palabra suya que hace Luz en las tinieblas, que nos libera, acaba de purificarnos.

 Hay personas que padeciendo la derrota de su orgullo no lo sueltan, por ello es que acaban de autodestruirse, se consumen defendiéndolo y peleando contra Dios y contra todos dejando expuesto su real ser miserable, infernal y logrando la confirmación de su condenación en esta vida, o sea alcanzan la pre-condenación.

 Esto significa que no han partido del mundo y ya se hallan irremediablemente condenadas, irreversiblemente perdidas, insalvablemente sumergidas en el infierno a merced de las tinieblas y de los que ahí abajo habitan.

 En definitiva, enciende una Luz purificadora en nuestros sentidos purificándonos en cuerpo, alma y espíritu, liberándonos del orgullo que es la muerte eterna y de todos los vicios que afectan los sentidos corporales y espirituales.

 Infunde Amor en nuestros corazones porque nos da su Esencia-Ser mismo, nos nutre, nos da Su Vida, nos llena, y es eso mismo lo que va obrando la purificación.

 Es simple, estamos sucios, vacíos de Dios y llenos de inmundicias, Él comienza verter su Virtud-Vida, así hace salir desde el fondo de nuestro ser las inmundicias purificándonos, lavándonos, desbordándonos hasta quedar limpios por dentro y por fuera.

 Comienza por dentro, como la jarra sucia que es llenada y con eso limpiada y luego es limpiada con lo que se desborda de agua, pero es necesario que corra mucho agua, sobreabundantemente.

 El proceso purificador es muy largo, penoso, doloroso, dijo El Señor que El Camino es angosto y de puerta estrecha, y también dijo que solo los esforzados entran el Reino.

 Nos Fortalece en nuestra indigencia, miseria, aquello que somos verdaderamente, pero para esto es necesario ver, conocer, reconocer esa debilidad, comprender que somos esa inmunda y miserable debilidad.

 Una vez que lo vemos, debemos aceptarlo, reconocerlo, no negarlo, tampoco odiarnos al vernos tan miserables, perdonarnos y buscarlo humildemente, no como ególatras desesperados por ser llenados ni como vanidosos que desean adoración, sino con filial reverencia.

Capítulo V: EMPEZAR A BUSCAR AL ESPÍRITU SANTO (V)

Al enemigo hazlo retroceder ahora, danos pronto la Paz, para que bajo tu doctoral guía, evitemos todo mal.

 Tenemos muchos enemigos, demasiados, y lo peor es que no somos conscientes de ellos, de manera que nos dejamos dominar, someter y esclavizar por ellos que logran manipularnos, controlarnos y hacernos hacer o no hacer a su antojo y a su servicio.

 Podemos agruparlos en siete categorías: demonio, mundo, carne, muerte eterna, quintacolumnista satánico, la triada formada por dragón, bestia de mar y bestia de tierra, y finalmente el anticristo formado por espíritu de miedo y culpa.

 Al respecto leer:

 Los enemigos espirituales de hoy.

 El combate contra los enemigos espirituales:

 El peor enemigo es ese ‘yo’ orgulloso y ególatra controlado ro satanás que se alza e impone, que se hace obedecer, que siempre quiere prevalecer.

 Es un histérico desesperado por lograr ser obedecido, servido, adorado, es el mismo traidor, solo piensa en él mismo y sirve incondicionalmente a satanás, aunque no de forma consciente siempre.

 A este ‘yo’ debemos derrotar, vencer, ahí que es donde satanás se mete, alza y manifiesta, rebela y demanda ser escuchado, obedecido, servido, aceptado, adorado.

 Lo vencemos buscando a Dios, discerniendo Su Voluntad, colaborando en la Revelación de Dios, en la Venida del Señor. Diaria y constantemente debemos colaborar en esta Revelación suya, porque ahí es donde Él Hace Su Paso Libertador, donde nos beneficia, limpia, libera, purga, corrige, donde logra rescatarnos, liberarnos, purificarnos, resucitarnos, redimirnos, transfigurarnos, transubstanciarnos.

 Es necesario que se de ese choque, el combate espiritual, porque ahí es donde podemos vencernos y vencer a todos los enemigos que se conjuran en contra de nosotros para obligarnos a rebelarnos contra Dios, sea por seducción o por fuerza o por engaños.

 Es nuestro deber hacer el esfuerzo y sacrificio de buscar la Voluntad de Dios, de discernirla y de obedecerlo, ahí es donde estamos venciéndonos y venciendo a todos los enemigos que son los que quieren evitar que lleguemos a la Revelación de Dios, los que no quieren que busquemos ni recibamos la Palabra Viva de Dios.

 Los únicos beneficiados si Dios no se Revela son los enemigos porque pueden envolvernos en tinieblas, imponernos la mentira, confundirnos, engañarnos, hacernos creer cualquier cosa, y hacernos hacer o no hacer cualquier cosa también.

 Nos envuelven en tormentos los enemigos para confundirnos y arrastrarnos a las tinieblas, sumergirnos en el abismo, perdernos en el infierno ya desde ahora. Si no buscamos a Dios pueden mantenernos postrado sen la muerte eterna, devorarnos vivos, destrozarnos con tormentos, lo merecemos por cómodos, por estúpidos ególatras que deliran de orgullo.

 Seguimos sosteniendo y defendiendo el orgullo, continuamos negándonos a buscar a Dios, no queremos admitir que lo necesitamos, mucho menos queremos recibir su corrección, la verdad es que no queremos reconocerlo como superior, porque si nos dejamos corregir, estamos admitiendo que es superior y eso por defender el orgullo, no lo admitimos.

 Seguimos sumergidos en tinieblas, enterrados en delirios infernales, continuamos practicando la egolatría narcisista infernal, somos unos hipócritas cómodos desamorados que se desesperan por saciar su ego, conformar sus vicios, satisfacer sus ambiciones.

 No nos basta con idolatrarnos, sino que andamos buscando ser adorados aceptados, reconocidos, idolatrados, somos unos hipócritas que permanentemente buscan aceptación y reconocimiento.

 Es un engaño cuando piden ‘paz’ en el mundo mientras ignoran a Dios, reniegan de Él, prescinden de su Revelación, es una inmunda hipocresía infernal la de aquellos que, diciéndose ‘religiosos’ piden paz haciéndole la guerra a Dios.

 Le hacen la guerra a Dios porque reniegan de Él, de su Voluntad, no lo buscan, no lo obedecen, no disciernen lo que Él les pide, entonces, no colaboran en que haya paz, con su rebeldía misma están provocando la guerra porque generan orgullo y separación de Dios, infunden tinieblas y liberan a los demonios atando de manos al Señor, volviéndolo a clavar.

 Si buscamos la Revelación de Dios y nos dejamos guiar, nos conduce a que haya paz, y no solo paz, sino que hallamos todos los bienes, porque todos los bienes proceden de Dios.

 Ahí es donde estaremos evitando todo mal, porque el mal primero, la raíz, fuente de todo mal es esa rebeldía contra la Voluntad de Dios, es donde nos separamos de él declarándole la guerra, volviéndonos enemigos suyos, sometiéndonos a satanás y entregándonos a la muerte eterna.

Capítulo VI: EMPEZAR A BUSCAR AL ESPÍRITU SANTO (VI)

Que pertenezcamos al Padre, Que conozcamos al Hijo, y a ti Espíritu de ambos, creamos en todo tiempo.

 Pertenecemos al Padre cuando lo buscamos y recibimos, cuando lo obedecemos y nos entregamos-consagramos, cuando lo seguimos en el mundo ajustando diaria y constantemente el rumbo.

 Pertenecemos como hijos, pero debemos vivir como tales, y los hijos ondeen al Padre, no buscan excusas estúpidas para defender su orgullo y tratar de justificar y defender su rebeldía.

 Esos ególatras viciosos sumamente corruptos que buscan autojustificarse, que quieren creer y hacer creer que sus delirios satánicos son cosa buena y que debe ser aceptad en aras de la igualdad, fraternidad, libertad y unidad, son representantes del infierno buscando una inmunda aceptación y reconocimiento para su corrupción.

 Podrán lograr tal cosa en el mundo, pero no significa que la obtengan de Dios, se engañan a sí mismos y son víctimas de sus caprichos al creer que Dios los felicita en sus delirios orgullosos.

 La verdad es simple, pertenece a Dios quien obedece a Dios, el que reniega, se rebela, hace lo que se le ocurre, o lo que satanás le inspira, por mas que hable de Dios, no le pertenece, pertenece a babilonia, o Sodoma, como dice el Apocalipsis.

 Conocer al Hijo no es aprender una doctrina, no conocemos a alguien estudiando un libro y repitiéndolo de memoria, tenemos que encontrarnos con Él, tratarlo, para conocerlo, como sucede con las personas.

 No sirve guiarse por lo que otros conocen, sí podemos y debemos tomar consejo de otros, pero lo esencial no podemos ni debemos evitarlo, lo esencial es buscarlo, vencer a los enemigos espirituales que se oponen a ello y llegar al encuentro con Él.

 Lo vamos a conocer en la medida que dejemos de engañarnos, en la medida que dejemos de inventarlo, cuando aprendamos a dejar Que Se Revele y lo aceptemos como Se Revela, corrigiéndonos, encaminándonos, purificándonos, encaminándonos.

 No es El Señor eso que presentan hoy en día un revolucionario amigo de la paz y decidido a hacer guerras o revoluciones que adula a los pobres y se dedica a hacer caridad. Esta versión es infernal, es la mentira de satanás uno de los anticristos.

 Debemos aprender a buscarlo en la oración, vencer a los enemigos espirituales que quieren impedir Su Venida Que Es Su Revelación y aprender a obedecerlo-seguirlo.

 Lo esencial es buscarlo con la intención de obedecerlo, con la decisión de renunciar a sí mismo poniéndose totalmente a su disposición.

 No es alguien al que adular y lisonjear con la intención de hacerse servir, obedecer, no lo vamos a poner a disposición de nuestros deseos, ambiciones, caprichos, aspiraciones, lo tenemos que obedecer, Él Es Dios.

 No debemos buscar al Señor desde la egolatría y para seguir mintiéndonos, sino para buscarlo dese la humildad y para comenzar a obedecerlo.

 Cuando pedimos que creemos al Espíritu en todo tiempo, estamos pidiendo que nos fortalezca en la Fe, que nos ayude a creer siempre en el Amor de Dios.

 Es fácil creer que Dios es amor, porque es lindo, agradable, ideal, pero cuando llega el temporal, cuando viene la prueba, esa creencia fácil se desvanece, desmorona y son pocos los que continúan creyendo en todo tiempo.

 Cuando comienzan a caer las desgracias, azotes, persecuciones, castigos, etc., del adversario, el mundo, los que siguen al adversario y pertenecen al mundo, de las propias inmundicias interiores que se alzan, rebelan, oponen, es difícil continuar creyendo.

 Ahí es donde creemos verdaderamente, ahí es donde debemos pedir al Espíritu Santo que nos ayude a creer en todo tiempo, a creer en Él mismo, en el amor de Dios.

 Cuando nos azotan todos los enemigos interiores y exteriores y lo hacen por muy largo tiempo, es difícil creer en el Amor de Dios, quien dice que es fácil es porque todavía no fue probado.

 Es horrendo pasar por persecuciones y tormentos infernales cuando los demonios están decididos a lograr perdernos o al menos, a hacernos padecer como en el infierno acá en la tierra. Mas espantoso aun es cuando tal cosa se prolonga en el tiempo y peor todavía cuando parece que no tendrá fin.

 En tales situaciones es donde extenuados por los castigos, dolores, tormentos, aunque sea un pensamiento a Dios debemos elevar pidiéndole que nos ayude a vencer a los enemigos y a continuar creyendo en todo tiempo.

Capítulo VII: EMPEZAR A BUSCAR AL ESPÍRITU SANTO (VII)

Que a Dios Padre sea la Gloria, y al Hijo que de entre los muertos Resucitó, y a Ti paráclito, por los siglos de los siglos, amen.

 Debemos aprender a vivir por y para Dios, no solo de Él, sino para Él, si no lo hacemos, continuamos viviendo por y para el orgullo dedicándonos a satisfacernos en el ego y perdiéndonos en el mundo.

 Buscando la Voluntad de Dios, Su Revelación, aprendemos a vivir para Él y no para nosotros mismos. Cuando creemos que vivimos para nosotros mismos, en realidad estamos viviendo para el ego, abismo infernal que llevamos adentro, para el mismo vacío, la ausencia de Dios que provocamos.

 Ahí es donde vivimos para hacernos adorar, amar, satisfacer, pero es donde terminamos de autodestruirnos creyendo que nos beneficiamos. Ahí es donde entramos en un delirio infernal desesperándonos por hacernos adorar y olvidándonos por completo de Dios.

 Considerar que podemos hablar de Dios todo el tiempo pero no verlo nunca, continuar centrados en nosotros mismos y verdaderamente olvidados de Él, es todo apariencia lo que hacemos convirtiéndonos en hipócritas narcisistas infernales.

 Para que la Gloria sea para Dios, debemos vivir realmente para Él, porque Dios es glorificado, lo glorificamos, cuando lo reconocemos como Dios, cuando realmente lo aceptamos como tal, y esto se hace al obedecerlo.

 De nada sirve glorificar a Dios con adulaciones y lisonjas, eso sirve para engañarse a sí mismo porque a Dios no lo engañamos, Él no es estúpido, nosotros los somos porque creemos que Él cree nuestras mentiras y cae en nuestros engaños.

 Lo que hagamos a Dios es lo que recibimos, si pretendemos engañarlo, los engañados somos nosotros que creemos que lo conseguimos evitando así enfrentar el miedo y evitando tener fe verdadera evadiéndonos en un engaño infernal.

 Glorificamos a Dios cuando morimos a nosotros mismos, cuando padecemos infernales e indecibles tormentos en el mundo y continuamos obedeciendo a Dios, perseverando en la Fe, creyendo en su Amor.

 No glorificamos a Dios con cosas visibles, terrenas, que el mundo celebra, si el mundo nos felicita no estamos obedeciendo a Dios ni sirviéndolo porque el mundo odia a Dios, es ególatra, orgulloso, mentiroso.

 El mundo glorifica a los suyos, así que, debemos dejar de engañarnos y empezar a buscar a Dios en verdad para poder obedecerlo y ahí veremos como el mismo mundo pasa a ser une enemigo al servicio de satanás para perseguirnos y atormentarnos descubriéndose de esa manera la Verdad.

 El Hijo es glorificado cuando lo seguimos, imitamos, cuando continuamos sus pasos, cuando perpetuamos Su Presencia en el mundo actualizándola, haciéndolo presente, buscando y recibiendo Su Espíritu, permitiéndole que continúe sus obras.

 Lo glorificamos cuando lo dejamos Ser y Hacer, cuando le permitimos Vivir y Reinar en nosotros. No lo glorificamos cuando hacemos cualquier cosa y luego nos llenamos la boca hablando de Dios.

 En definitiva, glorificamos tanto al Padre como al Hijo, cuando creemos, confiamos, perseveramos y colaboramos en Que Hagan Sus Obras en nosotros, porque ahí es donde nos resucitan, rescatan, redimen, transfiguran, transubstancian y es ahí donde podemos darles verdadera gloria.

 Lo que hacemos por nosotros es miseria, insulto y pedido de adoración, aceptación y reconocimiento, nada tiene que ver con Dios, Glorificamos a ambos cuando los dejamos que nos hagan, consumen, perfeccionen, cuando les permitimos vivir, estar, permanecer en nosotros.

 No glorificamos a Dios con lo que hacemos, sino con lo que Él hace en nosotros, de manera que debemos dejar al Padre y al Hijo Que Sean y Que Hagan en nosotros para poder darles una verdadera Gloria.

 Finalmente, glorificamos al Espíritu cuando lo dejamos que Sea en nosotros, cuando le permitimos que haga de nosotros absolutamente lo que quiera porque nos convierte en fuentes de Él mismo, Fuentes Vivas de Revelación porque llegamos a ser Sedes de Dios, su domicilio en el mundo, verdaderos templos suyos.

VEN ESPÍRITU CREADOR (VENI CREATOR ESPÍRITU), EXPLICACIÓN:

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