miércoles, 18 de noviembre de 2015

EL BUEN LADRÓN



EL BUEN LADRÓN


 No quieren las almas crecer, evolucionar, madurar, progresa espiritualmente, no les interesa, se apegan al mundo y tienen solo aspiraciones terrenas, entonces, pueden ser engañadas por el adversario, confundidas, atadas a lo que es perecedero.

 Al dedicarse al mundo dejan de cultivar el espíritu, entonces, no crece, no florece, no da frutos y acaban por quedar vacías, desoladas, sufriendo las miserias de su desamor.

 No aman ni les interesa, solo se desesperan por cultivar el orgullo y darse al amor propio, entonces, se convierten en serpientes sobre la faz de la tierra. Esto las encamina a perderse eternamente, nada impuro entra en El Cielo.

 Si las almas le pidiesen a Dios algo verdaderamente importante y tendiente a su crecimiento, progreso, evolución espiritual, hoy mismo lo conseguirían, el ejemplo mas claro es del llamado ‘buen ladrón’.

 Como ladrón merecía el castigo, pero arrepintiéndose en el dolor se dirigió al Señor, lo reconoció, reconoció su error, aceptó su castigo, pidió perdón, defendió al Señor y después le pidió que lo recordara al entrar en Su Reino.

 Todo lo que debió hacer en su vida, a lo largo del tiempo que pasó por el mundo, lo hizo en un instante en la cruz.

 Esto deja varias enseñanzas para estos tiempos de tinieblas en el mundo, debemos empezar ahora mismo a reconocer vicios, errores, pecados, etc., pidiendo perdón y corrigiéndonos.

 Debemos empezar a dar testimonio de la Verdad, de que Dios Vive y Obedecerlo. Debemos defender al Señor en estos tiempos en los que en el mundo se lo niega, tergiversa su enseñanza y anula su Bendición, el Don de Su Espíritu-Vida.

 También debemos pedir como el buen ladrón al Señor, que nos recuerde y haga entrar en Su Reino.

 Por las mismas palabras del Señor, porque Él, Que Es la Verdad no miente, que el buen ladrón ese mismo día entró en el Paraíso. Comprender acá que lo que es espiritual y verdaderamente importante Dios lo concede al instante.

 Esto se debe a que es eso lo verdadero y definitivo, lo que vale y queda, aquello para lo Que El Señor Vino, para hacernos esos Dones Verdaderos y Eternos, los mismos que ignoramos y despreciamos, no queremos ni buscamos, no valoramos, y por lo tanto, no merecemos tampoco.


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