martes, 19 de enero de 2016

EL ‘PARACRIMEN’



EL ‘PARACRIMEN’


 Permanecemos sometidos al adversario en una especie de socialismo fabiano espiritual, porque de a poco nos ha ido quitando libertades, se las hemos ido entregando, nos ha tomado encerrándonos en tinieblas y apropiándose él de todo poniéndonos a su disposición.

 Poco  apoco, fue tomando todo, no nos ha dejado nada, ni adentro, ni afuera, es decir, ni en las almas, ni en el mundo, todo le pertenece a él, y no por derecho alguno, sino por robo y saqueo, pero, lo ha conseguido concierta apariencia de legalidad, debido a que ha conseguido corromper a las almas para que admitan sus vicios, sus espíritus.

 Nos quiere como socios espirituales porque somos capitalistas para él, porque se aprovecha de nuestra vida y la dispone al hacernos hacer o no hacer a su gusto y antojo, e imponiéndonos a que construyamos su reino de orgullo tanto en el corazón como en el mundo, que es la ausencia y negación de Dios.

 Debemos esforzarnos por buscar la Verdad, pedirle al Señor que nos abra a Él, que confiemos en Él, en Su Voluntad, colaborando en Que Se Haga, no obrando por cuneta propia, dejando de preocuparnos inútilmente por nosotros, porque al hacerlo, nos volvemos falsamente seguros, arrogantes pendencieros que se engañan a sí y que pretenden engañar a otros, incluso, hasta a Dios.

 Nuestra vida no es de todos, y mucho menos del adversario, nosotros la hacemos de todos desesperados por lograr ser aceptados, no haciendo nada bueno, sino vanidades y cosas inertes, inútiles, inocuas espiritualmente, debido a que nos desesperamos o preocupamos por lograr ser amados, adorados, obedecidos, tomados en cuenta no importándonos nada mas que esa imagen que nos damos, por la que esperamos adoración y gloria.

 No confiamos en Dios, no creemos en Su Amor, por ello nos apuramos a construir, hacer, no teniéndole paciencia, incluso suponiendo que obramos bien y queriendo que otros también lo consideren así, cuando en realidad obramos mal, muy mal, debido a que negamos a Dios nos oponemos a Él y nos preocupamos inútilmente por nosotros.

 ‘Yo me ocupo de vos y de tu bien’, dice el adversario lleno de orgullo queriéndonos convencer de tales cosas en el pensamiento, hinchándonos con su inmundo orgullo en el corazón. Es mentira, no se ocupa ni de nosotros, ni de nuestro bien, debido a que él es nuestro mal y todo lo que hace es buscar que acrecentemos el orgullo, que lo admitamos, porque así es como entra y aumenta su presencia en nosotros.

 Es un maldito egoísta preocupado por él mismo al que no le importa nada de anda, ni de nadie, por ello, solo finge interés, preocupación y dedicación, pero en realidad es un embuste, porque esta buscando la manera de meterse en nosotros, de adueñarse de nuestra vida, de devorarnos-consumirnos y de arrastrarnos a las tinieblas mientras él se satisface en sus caprichos y alivia de sus tormentos robándonos la poca vida que tenemos.

 Nos hace creer que tenemos poca vida porque Dios nos obliga a dársela o a prestarle atención, es otra mentira, Dios no nos obliga a nada, y no nos quita la Vida, porque no la necesita, Él Es La Vida y la Fuente de la Vida, por ello, si lo adoramos, le prestamos atención y lo amamos, no nos saca vida, sino que nos Da Vida, y Vida Eterna.

 El malestar que sentimos, el vacío y la desolación, no es producto de un mal que nos haga Dios, sino que es el efecto de que el perverso esté colgado-adherido a nosotros succionándonos vida, quitándonos vitalidad, y encima, acusando a Dios y queriéndonos imponer que lo culpemos, despreciemos y acusemos nosotros.

 Si logra que acusemos a Dios y que desconfiemos de Su Amor, nos envuelve, atrapa, puede cerrar un manto de hierro sobre nosotros y en su mundo controlado, encapsulado, puede hacernos creer lo que se le ocurra mientras nos destroza como se le viene en ganas.

 El colmo de su victoria es imponernos la autodisciplina, es decir, lavarnos el cerebro para que nos autocontrolemos, juzguemos, acusemos y condenemos, para que nos supervisemos a nosotros mismos y nos mandemos al infierno. Lo consigue porque no amamos a Dios en Verdad y no lo escuchamos, entonces, no puede Revelarse y no puede defendernos.

 G. Orwell en su novela distópica “1984”, llama a esto ‘paracrimen’, donde la persona se cuida de no cometer el ‘crimen mental’, se previene a sí misma sofocando todo ‘pensamiento herético’, cualquier cosa contraria al régimen imperante, a la mentira instalada como verdad.

 Así es como estamos dominados por lo que queremos creer y pensar, sentir y hacer, porque no nos permitimos escuchar a Dios, no le permitimos Revelar Su Palabra de Verdad, de manera que quedamos totalmente a oscuras encerrados en nosotros, convertidos en tinieblas, sentados como autistas y castigándonos en suposiciones mientras nos imponemos no amar a Dios en Verdad, y por lo tanto no ser libres.

 Llevado al mundo, esto es el desarrollo sustentable, es la imposición por la cual las naciones se imponen no crecer y no desarrollarse cuidando el medio ambiente, los recursos naturales que han robado los bancos y entidades financieras.

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