lunes, 18 de enero de 2016

ENTREVISTA AL Cnl M. A. SEINELDÍN



ENTREVISTA AL Cnl M. A. SEINELDÍN



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 Recluido en Campo de Mayo, el ex coronel se siente viejo, no se declara arrepentido y asegura que él no tiene cabida en la actual Argentina y que a Rico lo manejó la CIA.A casi seis años de la rebelión del 3 de diciembre de 1990, por la que purga una condena a prisión por tiempo indeterminado en el penal militar de Campo de Mayo, el ex coronel Mohamed Alí Seineldín no se declara arrepentido. Sin embargo, aclara que el movimiento carapintada se terminó ese mismo día y que hoy sólo está "para abuelo". A horas de cumplir 63 años -el martes soplará las velitas-, el ex líder carapintada y combatiente en las Malvinas reconoce con resignación que en la Argentina actual no tiene cabida y cada día parece convencerse más. Uno de los peores golpes fue cuando, no hace mucho, se enteró de que su sobrina se había puesto de novia con un joven inglés. La misma sensación se la transmitió Cipriano Reyes durante una visita que le hizo al penal meses atrás: "Efectivamente, estamos peor que antes del 45; pero ¡ojo!, ¡las generaciones han cambiado!", le dijo el veterano líder del Partido Laborista, que llevó a Perón a la presidencia por primera vez. Pese a que se declara "viejo", Seineldín conserva en muchos aspectos la misma pasión que volcaba de niño, en su Concepción del Uruguay natal, cuando jugaba con soldaditos de plomo. Uno de sus mayores "hobbies" es plantear hipótesis de conflicto y sigue siendo un aficionado a las teorías conspirativas, además de un ferviente religioso. Cuando se le pregunta por la posibilidad de un indulto presidencial, afirma que ya está mentalizado para morir en la cárcel. "Si hubiera cedido, el camino estaría abierto. Pero a esta altura de mi vida no pienso cambiar. Provengo de una tribu de drusos en la que a quien mentía se le cortaba la lengua. Vengo de un hogar simple, pero donde me enseñaron a seguir un camino recto", comenta. Otros de sus camaradas señalan que los rumores sobre el indulto "son un engaño para mantenernos callados".

Gimnasia y rosarios

Su celda es un chalecito que comparte con dos líderes de la sublevación de diciembre de 1990: el ex coronel Luis Enrique Baraldini, quien se desempeñó como máximo jefe de la operación en la zona de Palermo, y el ex coronel Oscar Vega, quien comandó el amotinamiento del Batallón 601. La casa tiene una pequeña sala de estar, tres habitaciones, un baño y una kitchenette. Una cruz, un rosario y varios diplomas decoran las paredes del living. Entre ellos se destaca una foto enmarcada donde se ve a Seineldín con Arturo Frondizi, una de las figuras que más admira el ex militar junto con San Martín y Cristo. En su cuarto, el líder carapintada tiene una computadora, que utiliza para responder cada una de las más de 60 cartas que recibe por mes. Un día normal de la mayoría de los 18 ex militares carapintadas que están presos en Campo de Mayo comienza bien temprano. Seineldín se levanta a las seis y media, reza, desayuna y analiza la actualidad nacional con sus compañeros de cuarto y con los diarios en la mano. A las 11, religiosamente, hace gimnasia en el jardín de la prisión y, a continuación, se dedica a contestar cartas. Después de un almuerzo frugal, descansa una hora, para luego seguir escribiendo y exponiendo en una pizarra sus pensamientos sobre la situación nacional a quien quiera oírlo ("Con este pizarrón me quiero hacer el intelectual, pero soy bien cuadrado", le gusta decir). Todos los días, a las 18, se junta con un buen número de presos para rezar un rosario, y luego de la comida, mira televisión.

Adiós al boxeo

Hasta el año último, cuando estaban alojados en el penal militar de Magdalena, los ex amotinados, por iniciativa de Seineldín, crearon el llamado Carapinbox Club. Fue así como el líder carapintada instruyó a diez suboficiales para que organizaran combates de boxeo entre los presos que quisieran participar. Las veladas boxísticas se desarrollaban con todas las de la ley y no se permitía pelear sin cascos protectores. Pese a que enfrentaba a soldados mucho más jóvenes, Seineldín fue uno de los grandes animadores de esos encuentros. Hasta que dos años atrás, un suboficial le partió un diente. "Tenía 60 años. Fue entonces cuando me dije a mí mismo: soy un viejo ridículo, ya no estoy para pelear", sentenció. Le crean o no, esa misma frase se la transmite a quienes lo quieren convencer de que, si sale de la cárcel, se convierta en político. Sin embargo, es el principal inspirador de la ideología del Movimiento por la Identidad Nacional e Integración Iberoamericana (Mineii) y del Partido Popular de la Reconstrucción (PPR), que crearon sus seguidores y que podría presentarse en los comicios legislativos del año próximo.

"No fue un golpe"

Seineldín no oculta su enojo cuando se le pregunta si la operación del 3 de diciembre de 1990 en la que murieron 13 personas fue, directa o indirectamente, un intento de golpe de Estado. "Siempre fui antigolpista. Nunca estuve en golpe de Estado alguno. Es más, en 1976, casi me dan de baja por oponerme al golpe, siendo yo mayor en la Escuela de Infantería. Si me dan a elegir entre un gobierno civil malo y un gobierno militar bueno, elijo el civil malo", aseguró a La Nación.
-¿Cómo evalúa hoy, seis años después, los acontecimientos del 3 de diciembre, que a juicio de mucha gente fue un levantamiento contra las instituciones?
-El ex presidente Frondizi lo calificó como "un acto de resistencia a la política de destrucción de las Fuerzas Armadas de la Nación". Nuestro proyecto era volver al origen del viejo Ejército profesional; queríamos reivindicar a las Fuerzas Armadas y ponerlas al servicio de la patria. Todavía hoy debemos soportar que nos tilden de golpistas cuando el propio fallo de la Cámara Federal que nos condenó dictaminó que "los actos reivindicatorios del pronunciamiento del 3 de diciembre de 1990 no eran un golpe de Estado antidemocrático".
-¿Qué hubiera pasado si triunfaba el movimiento del 3 de diciembre? ¿Hasta qué instancia estaban usted y el resto de los sublevados dispuestos a llegar?
-La idea era que quedara al frente del Ejército un general en actividad que reivindicara el proyecto nacional. Pero como el generalato estaba muy desprestigiado, también se pensaba eliminar ese grado y poner a un coronel, que no sería yo. De cualquier manera, el 3 de diciembre sabíamos que saldríamos derrotados, pero las circunstancias nos obligaron a seguir adelante; son decisiones que hay que tomar para justificarnos en este mundo. Fue un acto de idealismo.
-¿Por qué se llevó a cabo la operación si estaban convencidos de que perdían?
-Porque el Ejército se encontraba en un estado anárquico. Era tal la efervescencia entre los suboficiales y oficiales jóvenes que no quedaba otro camino que ponerse al frente.
-¿Está arrepentido?
-No estoy arrepentido. Le repito: había una presión muy grande de la suboficialidad y de la oficialidad joven. Ellos expresaban el sentimiento y nosotros, los más viejos, la razonabilidad. No ponernos al frente hubiera sido un desastre, hubiera corrido más sangre que la que corrió. Había una masa que empujaba.
-¿Cómo se tomó la decisión del levantamiento?
-Teníamos un consejo militar, integrado por los coroneles, en el que se discutió la conveniencia o no de la operación. Allí se votó en tres oportunidades: las dos primeras terminaron empatadas y en la tercera ganó la posición favorable al levantamiento; quien define la votación fue el coronel Jorge Romero Mundani, quien tras el fracaso del levantamiento, decidió quitarse la vida.
-¿Usted votó?
-Yo no voté por encontrarme preso en San Martín de los Andes, pero siempre asumí toda la responsabilidad de lo que se decidió.
-¿Y por qué fracasaron?
-Fracasamos porque el éxito requería tres tiempos: el militar, que es el del reloj; el político, que es el de la oportunidad, y el providencial. El 3 de diciembre no estuvimos encuadrados en el tiempo militar, porque las Fuerzas Armadas estaban desmanteladas y habían sido dados de baja 1800 de los mejores efectivos, muchos de ellos ex combatientes de las Malvinas, y tampoco en los tiempos político y providencial.
-¿Hubo traiciones?
-Hubo oficiales que a último momento se dieron vuelta. ¿Sabe por qué? Porque no pensábamos en un golpe de Estado. Como no queríamos tirar al gobierno, se fueron. Así, al 3 de diciembre, teníamos 26 coroneles en actividad y nos quedaron cuatro. No fue la única causa: antes de la operación yo propuse que, para asignar mejor el presupuesto del Ejército, los oficiales viviéramos en carpas y en cavernas porque el mantenimiento de los cuarteles y la electricidad eran muy caros. ¿Cómo iban a apoyar muchos la operación? Si yo les proponía carpas y velas...
-¿Qué hay en común entre los distintos movimientos carapintadas y sus diferencias?
-Todos estos movimientos son el pus o la manifestación del proceso de decadencia que comienza luego de la Guerra de las Malvinas y que sucede a una fase agonal iniciada en 1952. Entre Semana Santa (abril de 1987) y Monte Caseros (enero de 1988) hay una gran diferencia, porque en esta última sublevación elementos de la CIA logran acercarse a Rico y sacarme del medio. Como sabían que él tenía grandes ambiciones personales, lo incentivan y le tienden una trampa. Así, logran quebrar la resistencia militar y que se dé de baja a 1800 de los mejores hombres del Ejército.

El indulto

Mucho se ha hablado hacia fines de 1995 sobre la posibilidad de un perdón presidencial para Seineldín y sus camaradas. El ex militar le remitió al presidente Menem una nota fechada el 22 de agosto último en la que le solicita que lo excluya de cualquier posible indulto a quienes participaron en las acciones del 3 de diciembre. El fin de esa misiva es facilitarle una decisión definitiva que beneficie a los restantes presos, ya que -a su juicio- las presiones en contra del perdón apuntan sólo a él. Uno de los primeros pedidos de indulto fue formulado, en octubre de 1994, por el desaparecido Frondizi. Un año después, luego de varios pedidos de organizaciones internacionales en favor de Enrique Gorriarán Merlo y de los condenados por el copamiento de La Tablada, el Gobierno comienza a estudiar un posible indulto tanto de los miembros del MTP como de los carapintadas. "El entonces ministro Camilión nos manda dos delegados a la prisión de Magdalena, uno civil y otro militar, quienes me solicitan que haga una nota para pedir el indulto. La hice y me autoexcluí", refirió Seineldín.
-¿Por qué cree que no se concretó esa medida?
-Menem creyó en un principio que sería fácil indultarnos. Pero las presiones internacionales pudieron más. Tanto Bush como la B`Nai B`rith le pidieron que no adopte esa medida. Pero yo no tengo problemas en seguir dando testimonios de sacrificio.
-¿Tiene esperanzas de quedar en libertad?
-Yo ya me hice a la idea de que me quedo y me muero acá. Esta no es mi Argentina y siento que no tengo cabida. Mi papá, cuando falleció a los 107 años, se encontraba solo, todos sus amigos habían muerto y todo lo que lo rodeaba era diferente. Mi madre, poco antes de morir, estando en terapia intensiva, le dijo a mi sobrina: "Avisale al tío que el mundo está cambiando".

Las teorías conspirativas

Seineldín es tan devoto de la Virgen como de las teorías conspirativas, y asegura que lo quieren eliminar: "Hay quienes me acusan de fundamentalista porque quieren hombres relativistas. A mí nunca me van a poder comprar, porque soy muy bruto. Entonces me tienen que liquidar. Lo que quieren es mi cabeza". Cristo y San Martín, según dice, son sus dos grandes modelos. Le recordamos una frase pronunciada años atrás por el historiador inglés David Rock: "Seineldín es el representante más puro del viejo nacionalismo, habla mucho de la Iglesia y es muy conservador. Simboliza la conjunción de la cruz y de la espada. Hoy, ese símbolo no es útil pues representa la opresión física y psicológica".
-Seineldín, ¿qué opina de esa afirmación del historiador inglés?
-Creo que es una definición correcta, pero sin el colofón. La conjunción de la cruz y de la espada es útil. Sólo que no lo es para el proyecto del nuevo orden mundial que se quiere imponer.
-¿A qué proyecto se refiere?
-(Con el auxilio de una pizarra y un marcador) Al proyecto que se viene impulsando desde afuera, que implica el sincretismo religioso en lo espiritual, la soberanía limitada en lo político, el libre mercado y la organización del comercio mundial en lo económico, y los ejércitos multinacionales en el aspecto militar. El objetivo es romper con la Iglesia Católica, con la idea de Estado Nación, con la independencia económica y con los Ejércitos nacionales. Hay dos organizaciones internacionales que trabajan contra los intereses nacionales: una es el Foro de San Pablo, que funciona en Cuba desde 1990; la otra es Diálogo Interamericano, que funciona en los Estados Unidos desde 1982. En la primera hay algunos dirigentes de la UCR y del Frepaso; en la segunda están Camilión, Bordón y los presidentes de Brasil, Cardoso, y de Bolivia, Sánchez de Lozada. Nosotros, en cambio, privilegiamos los contactos con sectores nacionalistas.
-¿El venezolano Hugo Chávez, por ejemplo?
-No. El está en Diálogo Interamericano.
-¿Qué es para usted el nacionalismo?
-Pasa por mantener la fe católica como factor fundamental para el logro de la unidad nacional; por el sostenimiento de las tres banderas del justicialismo; por la defensa de la Constitución, pero la de 1853 y no la de 1994 que es internacionalista, y por pensar en un Ejército nacional.

Una guerra con Chile

En la cárcel sobra tiempo para la lectura y para escribir. Como no podía ser de otro modo, los temas militares son los predilectos. El ex coronel Baraldini publicará próximamente un trabajo sobre la relación de fuerzas con Chile. Otros siguen detenidamente el caso Carrasco y una de sus conclusiones es que el tema fue utilizado políticamente para derogar el servicio militar obligatorio.
-¿Qué piensa de la eliminación del servicio militar obligatorio y de la instrumentación del voluntariado?, le preguntamos a Seineldín.
-Las guerras las hace el Ejército permanente, pero las ganan las reservas. No puedo estar de acuerdo con este servicio militar voluntario ni con la participación de las mujeres.
-De sus afirmaciones se desprende que contempla la posibilidad de una guerra.
-En el proyecto del nuevo orden mundial, toda nuestra Patagonia debería quedar en manos de Chile (dibuja un mapa con esa hipotética situación, mientras el ex coronel Baraldini acerca un gran mapa donde intenta justificar la indefensión de la Argentina frente a la capacidad de combate chilena). Dentro de algunos años los intereses internacionales van a llevar al Ejército a una guerra con Chile que vamos a perder. No será una guerra convencional, sino una guerra ficticia, porque nuestro Ejército no puede operar más de un día en un conflicto bélico. Será una excusa para la eliminación de nuestras Fuerzas Armadas, para la desaparición del Ejército nacional y su reemplazo por ejércitos multinacionales.
-Algunos dirán que suena fantasioso...
-Hoy gritamos en la oscuridad lo que ustedes vivirán. Hacia 1962-63 anuncié que había que prepararse para enfrentar a la guerrilla y pocos me creían hasta que vino una década después. Y también vaticiné la guerra de las Malvinas; es muy simple, cuando un grandote nos pega todos los días, algún día, cansados, íbamos a reaccionar.
-¿Qué cursos de acción imagina para oponerse a esa supuesta conspiración internacional?
-Hay dos alternativas para evitar la revolución internacionalista. Una es el curso de acción violento, que es el que le conviene a este gobierno para demostrar que no hay otras opciones; la otra es el camino pacífico, el mismo que se empleó en Brasil para derrocar a Collor de Melo. Y quiero recordarle que, en esa ocasión, los sectores nacionalistas brasileños se pintaron la cara. Nosotros estamos en favor del camino pacífico. Por eso, para las elecciones legislativas de 1997 se presentará el Partido Popular de la Reconstrucción (PPR).
-¿Y cree que tiene alguna perspectiva favorable?
-Nuestra mayor desventaja es el tiempo. Tenemos muchos simpatizantes, pero pocos dispuestos a participar. Nuestra gran ventaja es, paradójicamente, el adversario, ya que la imagen de los políticos tradicionales se cae, y si no se desmorona esta clase política es porque no hay quién se le oponga. Hemos tenido buena repercusión en las generaciones de 50 a 80 años y no tanta entre los jóvenes, porque hablarles de lo nacional parece una locura ante toda la influencia internacional que se ve en los medios masivos. En síntesis, somos como un pigmeo con un alfiler para pinchar a un mamut.
-Si sale de la cárcel, ¿estaría dispuesto a liderar el partido?
-Por encima del partido está el movimiento. Yo no me voy a salir del movimiento, el Mineii (Movimiento por la Identidad Nacional e Integración Iberoamericana). No hay que confundir a uno con otro. El partido es la acción, el movimiento es el control o el padre del partido. Y a ese padre, a su vez, lo controla una junta consultiva, que es una especie de abuelo. Aldo Rico, por ejemplo, se hundió porque no tuvo un padre que lo controlara.
-¿No ha pensado en convertirse en dirigente político?
-Yo ya tengo 63 años. No estoy para ir a una villa a repartir chorizos y juntar treinta votos, ni para hablar en un acto público. Así se lo he prometido a mi esposa, que tiene una dura lucha para mantener la casa y a un hijo enfermo. Llevo cincuenta años de pelea y he dicho basta; de lo contrario, cometería graves errores. Yo estoy para abuelo.

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