domingo, 24 de enero de 2016

GRAN MILAGRO, Y SI NO SE CONVIERTEN, SERÁ PEOR QUE SODOMA Y GOMORRA



GRAN MILAGRO, Y SI NO SE CONVIERTEN, SERÁ PEOR QUE SODOMA Y GOMORRA


 No paran, no se detienen, sino cuando se estrellan contra la pared, contra lo inevitable. Obtusa, terca, testarudamente corren sin ver que se dirigen al abismo.

 Sin cesar corren y hasta aceleran el paso obsesionadas, desesperadas e histéricas haciendo siempre absolutamente lo que se les antoja.

 Todos van por el mismo camino, por ello es que resulta inevitable que se estrellen, que los orgullosos delirantes caprichosos terminen colisionando.

 El fin es la ruina total, es la autodestrucción de la humanidad, es un conflicto generalizado que termina con la destrucción total.

 El furor infernal llena lo corazones, el delirio de orgullo nubla la mentes, no hay mas que odio, rabia, furia, maldad, deseo de venganza y todo desproporcionado, descontrolado, sin límite ni razón.

 La ruina de la humanidad se encuentra a un paso y como nadie cede, se vuelve inevitable, irremediable.

 Dios, que Es Padre y es consciente, hace un alto, detiene todo en un instante, abre una puerta, da una oportunidad a las almas, al mundo, a la creación.

 Hace un llamado, una advertencia, interviene milagrosamente en la historia.

 Avisa, despierta, a las consciencias, las llama, les advierte, envía una Luz especial, Revela nuevamente a su Hijo para la salvación del mundo.

 Es como si se pusiera en medio de las partes en conflicto realizando un llamado de atención, un llamado a la realidad, una advertencia.

 Detiene el tiempo, detiene el normal acontecer de las cosas, impide que se consume lo que la humanidad gesta, hace, busca y quiere.

 Da una oportunidad única e inmerecida pidiendo a las almas que reflexionen, abran los ojos, recapaciten.

 Ahí les pide que renuncien a si mismas, que depongan su orgullo, que dejen de dedicarse desesperada e histéricamente a la egolatría no admitiendo límites.

 Ojala que consiga ser escuchado y sean muchas las almas que lo sigan, se conviertan, se dejen guiar por El Señor. Sin embargo, la realidad dice que siempre sucede lo mismo, son pocas las que volverán.

 Con ese resto, esas pocas, si son suficientes, logrará evitar el fin de la humanidad, pero si no reúne ni siquiera un puñado, si cada una decide continuar con sus malas acciones, perversos caminos y abominables ambiciones, se repetirá lo de Sodoma y Gomorra.

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