lunes, 18 de enero de 2016

SÍNDROME DE ESTOCOLMO COLECTIVO



SÍNDROME DE ESTOCOLMO COLECTIVO


 Nos odiamos-despreciamos a nosotros mismos, y lo hacemos porque el odio es siempre odio y estando en nosotros, si no le proporcionamos víctimas externas, nos consume, devora, destruye, nos odia a nosotros mismos.

 Ahí surgen culpas, miedos, debilidades enfermizas e infernales que se convierten en fuentes de nuevos vicios, perversiones y abominaciones.

 También es general querer defender lo indefendible, queremos santificar o canonizar inmundicias infernales que claramente rebalsan de corrupción demoníaca y se esfuerzan por enterrarse en tinieblas.

 Hoy en día se endiosa, eleva, adora, a supuestos líderes, sean políticos o religiosos, sin mirar ni considerar nada.

 Es un fanatismo infantil y miserable, es propio de personas vacías, inmaduras, que se han incapacitado a sí mismas y no han evolucionado, madurado o progresado.

 Como estúpidos adoran a sus ídolos cuando comprueban que son una inmundicia infernalmente abominable, fuentes de traición y putrefacción demoníaca.

 Como idiotas defienden a sus ídolos, justifican los gruesos errores que no pueden ocultar ni disimular.

 Es una demencia infernal, si los líderes políticos y religiosos son una inmundicia abominable que chorrean la putrefacción del infierno, mas abominables son quienes los adoran, siguen, defienden y justifican fanáticamente.

 Verdaderos idiotas que son castigados, que padecen el infierno en vida y que siguen defendiendo a quienes los hacen padecer.

 Es como un síndrome de estocolmo colectivo, las masas ignorantes, infantiles, inmaduras, ególatras, asquerosamente cómodas, miserables para con Dios e inmundamente corruptas, adoran a sus líderes, los mismos que los reducen a la condición de esclavos.

 La verdad es que merecen padecer como condenados por estúpidos por ególatras cerdos cómodos que quieren creer mentiras y que se hacen cómplices de los mismos que los oprimen y arrastran a la perdición eterna.

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