lunes, 18 de enero de 2016

VERDADERO Y FALSO NACIONALISMO



VERDADERO Y FALSO NACIONALISMO


 El nacionalismo es bueno si procede de Dios, sino es fanatismo, es chauvinismo. En estos tiempos conviene hacer la distinción porque hay nacionalismos de laboratorio, o sea, nacionalismos transgénicos.

 El nacionalismo bueno es aquel que se basa en el amor a Dios y a la patria. El nacionalismo malo, es el que se basa en el odio a Dios, una idea, un pueblo, una raza, una religión, una nación vecina o no, etc.

 El falso nacionalismo es odioso, resentido, perverso, surge movilizado por sectas y organizaciones secretas orientado a un fin que es conseguir el poder y negárselo a otros. Es un nacionalismo resentido, materialista, odioso, perverso, sumamente orgulloso y completamente ciego, absolutamente estúpido que no puede ni siquiera ver la realidad.

 El verdadero nacionalismo consiste en amar a Dios y a la Patria.

 Amamos a Dios cuando discernimos Su Voluntad y la aceptamos, cuando la preferimos a nuestra voluntad procediendo a sacrificar la propia para Que Se Haga-Reine-Triunfe la Voluntad Divina en nuestra vida y en la Patria.

 Amamos a la Patria cuando queremos su verdadero progreso, crecimiento, evolución, maduración, cuando damos la vida para que evolucione desde la base fundamental que es Dios mismo.

 El verdadero nacionalismo es cuestión de amor y no de odio. El odio destruye a la misma persona que odia, la aniquila, consume, estropea, el amor la edifica, la hace crecer, evolucionar, madurar y en el extremo, la lleva al sacrificio, la persona es feliz negándose a sí, sacrificándose, dando su vida por amor a su Patria.

 El falso nacionalismo se alegra en quitar la vida a sus seguidores y a otros, es destructivo, perverso e infernal, des-crea, hace las mismas obras de satanás y las tinieblas.

 Notar como los falsos nacionalistas se vuelven fanáticos y terminan convirtiendo sus organizaciones en sectas similares en esencia a aquellas mismas que aborrecen, se vuelven un conjunto de fanáticos ciegos de orgullo que se creen superiores mientras que ven a todos como defectuosos e inferiores.

 Terminan teniendo el mismo sistema perverso de adoración al líder cuya palabra es santa y de odio a todo al que no pertenece a la secta, movimiento, organización.

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