viernes, 31 de agosto de 2018

SOBRE LA VIOLENCIA, Por el Dr. Jorge Benjamín Lojo


SOBRE LA VIOLENCIA,

Por el Dr. Jorge Benjamín Lojo


 Vamos a empezar analizando la naturaleza misma del mal para entender lo que es la violencia.

 ¿Qué es el mal?, Normalmente se dice que es ausencia de Bien, es vacío, abismo, tinieblas, olvido y negación de Dios, es falta de amor y de voluntad de amar, es el extremo del egoísmo o la mas acaba expresión de egolatría.

 Una persona que obra con violencia lo hace expresando su propia impotencia, es el efecto de su frustración, es la reacción que sigue a la amarga experiencia de su nada, miseria, incapacidad.

 Huye de lo que ve-conoce, quiere evadirse de lo que no puede negar, aquello de lo que hizo amarga e irreversible experiencia, de lo que es en el fondo de su ser: Nada, miseria, incapacidad, indigencia, impotencia.

 En el fondo tiene miedo, espanto, pavor, terror, se conoce-ve a sí misma, sabe de sus limitaciones e incapacidades, de su indigencia real, de su amarga impotencia.

 Con espanto quiere negarlo, se miente a sí misma, trata de convencerse de lo contrario, pero, como no puede cambiar la realidad ni negar lo que ha visto con claridad, enloquece.

 El miedo-espanto es como la niebla que cubre un abismo, es la amarga preocupación por sí que surge cuando el alma ve su nada, es como la humedad que cala hasta los huesos y de la que no se puede huir.

 La persona conoció-vio-hizo experiencia irreversible de su ser nada, ha padecido y teme volver a padecer, de ahí el miedo instintivo e irracional, y de ahí es que surge la reacción violenta como autodefensa. (La aceptación de la Verdad tiene sus pasos, cinco: Negación, furia, conciliación, derrumbe y finalmente aceptación = Cambio, entrega, perdón).

 El miedo-vacío se apodera, asume el control, decide lo que se hace y lo que no se hace, es como un golpe de Estado en una nación, la fuerza asume el control, toma el poder, se constituye en decisión.

 Conforme pasa el tiempo, el miedo crece, el abismo devora-carcome a la persona por dentro, se hunde en su propio vacío y no hace mas que pensar en sí misma, y consecuentemente, solo vive por y para sí.

 Esto sucede en mayor o menor medida a todas las personas, algunas pueden ser muy violentas, otras pueden ser moderadamente violentas y otras pueden ser disimuladamente violentas.

 El miedo-vacío de su interior derrumbándose, bajo presión estalla, se convierte en odio. La presión es externa, una situación realmente padecida o que la persona teme padecer.

 Ahí la violencia asume el control, se apodera, decide, dispone e impone o se opone.

 La persona se vuelve esclava de la violencia que lleva adentro, que permanece oculta y adormecida mientras que cree que tiene el control, pero que se alza, rebela y estalla furiosa manifestándose en su real ser cuando teme perder el control.

 La desesperación por el control es la construcción de una falsa seguridad, y esto se hace por miedo, para prevenirse de volver a padecer y es inconsciente, es el mismo miedo-vacío-violencia obrando por sí e independientemente de la voluntad de la persona.

 Considerar que la violencia-odio es en esencia siempre violencia u odio, no cambia, no sufre transubstanciación, es siempre destructiva.

 Eso determina que, mientras no está odiando, agrediendo, sometiendo, denigrando, etc., hacia fuera, lo hace hacia adentro, y es ahí donde la persona se auto desprecia.

 Cuando la violencia asume el control, es como una segunda personalidad manifestándose, la persona se siente fuerte, libre de la indigencia de sus temores, cree que tiene el control, se percibe segura, sin embargo, su efecto es como el de la droga para el cuerpo, al instante se sentirá mucho peor de lo que estaba inicialmente porque se ha consumido a sí misma.

 Acá está el detalle normalmente ignorado, la persona se consume-autodestruye odiando, obrando con violencia, aun cuando cree que se protege-defiende, realmente se está convirtiendo en nada y menos que nada, en vacío-abismo-tinieblas, como el volcán que vomita furia solo para desaparecer consumido por su fuego.

 El odio es ardiente por fuera y helado por dentro, es como el brillo de una estrella fugaz consumiéndose al caer, convirtiéndose en nada y aun en menos que nada.

 Para solucionar la violencia, simplemente hay que llenar el vacío interior, y esto se hace amando, generando voluntad de amar, aceptando, dejando de huir de la verdad.

 Hay que perdonar, soltar, olvidar, generar mas amor, dejar el pasado atrás, mirar hacia delante, considerar que hay una vida que construir, un mundo que reconstruir y un alma que embellecer con amor y virtudes.

 Si bien el tema es inagotable, dejamos acá por ahora, solo voy a agregar que es una cuestión de crecimiento-maduración lo que nos libera de la violencia y mueve a generar amor y voluntad de amar.



Dr. JORGE BENJAMÍN LOJO

Tº III Fº 229 CAAL


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